El puerto del Ragudo, conocido también como Rabudo en algunas referencias cicloturistas, es una ascensión larga y muy constante situada entre las provincias de Castellón y Teruel, en pleno corredor del Alto Palancia. La vertiente desde Viver representa el acceso más clásico al paso natural hacia la meseta interior, siguiendo en gran parte el antiguo trazado previo a la construcción de la autovía A-23.
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📊Altimetría y características
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| Fuente: altimetrias.net |
La subida comienza en Viver, junto al valle del río Palancia, arrancando de manera bastante suave por la N-234. Los primeros kilómetros presentan largas rectas y pendientes muy regulares, normalmente entre el 3 % y el 5 %, ideales para encontrar un ritmo constante desde el inicio.
La carretera es ancha y cómoda, con buen firme y amplitud suficiente para circular con seguridad. Durante este primer sector todavía existe cierta presencia de tráfico, aunque sin llegar a resultar especialmente molesto.
Tras superar los accesos y desvíos cercanos a la A-23, la ascensión gana tranquilidad. El paisaje continúa siendo abierto, con campos de cultivo, pequeñas masías y vistas amplias sobre el valle.
El tramo comprendido entre los kilómetros 2 y 5 concentra algunos de los porcentajes más consistentes del puerto. Aquí aparecen rampas cercanas al 5-6 %, aunque siempre muy progresivas y sin brusquedad.
A medida que se gana altura, la carretera antigua va quedando prácticamente aislada del tráfico principal. La sensación de tranquilidad aumenta muchísimo y el puerto se vuelve especialmente agradable para el cicloturismo.
Alrededor del kilómetro 7 aparece uno de los sectores más exigentes, con pendientes que alcanzan aproximadamente el 6 %. Este tramo suele hacerse más largo psicológicamente debido a la exposición al viento y a la acumulación de kilómetros.
Después del cruce y del paso elevado cercano a la vía verde de Ojos Negros, la carretera entra en el sector más atractivo de toda la ascensión. El trazado se vuelve más sinuoso y aparecen las primeras zonas boscosas.
Los últimos cuatro kilómetros son los más bonitos visualmente. La carretera serpentea continuamente por la ladera de la montaña mientras atraviesa pinares y curvas enlazadas, ofreciendo magníficas panorámicas del valle recorrido.
Aunque las pendientes finales rara vez superan el 5 %, el cansancio acumulado hace que este sector se perciba bastante más exigente de lo que indican los números. La sensación es la de una subida muy larga y constante, donde el desgaste llega por insistencia más que por dureza puntual.
La cima aparece de manera progresiva, sin grandes cambios de pendiente ni rampas finales explosivas. El puerto concluye junto a la zona elevada del Ragudo, cerca del corredor natural que comunica el Alto Palancia con el interior turolense.

