La Collada Llomena es una de las ascensiones más salvajes, exigentes y espectaculares de la Cordillera Cantábrica. Situada en el concejo asturiano de Ponga, une el valle del río Sella con las montañas que separan los valles de Ponga y Caso a través de una carretera estrecha, abrupta y perfectamente integrada en un paisaje dominado por desfiladeros, bosques y praderas de montaña. Sin embargo, para muchos cicloturistas la verdadera aventura no termina en la collada. Tras coronar y descender unos kilómetros por la vertiente opuesta, aparece el desvío hacia el Mirador de Bedules, una pista parcialmente cementada y con sectores de gravilla que conduce hasta uno de los balcones naturales más impresionantes de Asturias. La combinación de Llomena y Bedules convierte la ruta en una auténtica jornada de alta montaña.
Asimismo, dentro del ciclismo asturiano, Llomena ocupa un lugar de privilegio entre los puertos más duros de la región. Aunque no alcanza la fama de Angliru o Gamoniteiru, sus porcentajes constantes por encima del 10%, su estrecha carretera y la belleza de su entorno la convierten en una ascensión de culto para los aficionados a las grandes rampas. La extensión hacia Bedules añade además un componente aventurero poco habitual. Tras una subida ya de por sí muy exigente, el ciclista debe afrontar un descenso técnico y, posteriormente, una pista de montaña que exige fuerza, habilidad y capacidad de gestión del esfuerzo cuando las piernas ya acumulan mucho desgaste.
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📊Altimetría y características
| Fuente: altimetrias.net |
La subida comienza en el espectacular Puente Vidosa, uno de los enclaves más conocidos del oriente asturiano. Desde los primeros metros, la carretera se encarama sobre el profundo desfiladero excavado por el río Sella, ofreciendo un ambiente de montaña impresionante.
Aunque el primer kilómetro presenta una media del 7,5%, ya aparecen numerosas rampas entre el 10% y el 12%. La ascensión deja claro desde el inicio que no ofrecerá concesiones.
El sector que conduce hacia El Beyu concentra varios cambios bruscos de pendiente. Las curvas cerradas y la estrechez de la carretera obligan a encontrar rápidamente un ritmo adecuado.
El segundo kilómetro alcanza un durísimo 10,6% de media. Es uno de los tramos que marcan el carácter del puerto y donde muchos ciclistas comienzan a seleccionar desarrollos cortos.
La carretera serpentea, excavada en la ladera, con magníficas vistas sobre el valle. En varios puntos, la sensación de aislamiento es absoluta.
Entre los kilómetros 2 y 3, la pendiente sigue instalada por encima del 8%, sin apenas zonas para recuperar. La acumulación de esfuerzo empieza a ser notable.
El cuarto kilómetro es probablemente el más duro de toda la ascensión, con una media cercana al 12% y numerosas rampas entre el 13% y el 14%. Aquí se encuentra el auténtico corazón de Llomena.
La llegada a las inmediaciones de Viego aporta un breve alivio visual, aunque no físico. El puerto continúa exigiendo potencia y regularidad.
Entre los kilómetros 4 y 5, la pendiente sigue rondando el 9%. La altitud aumenta rápidamente y el valle comienza a quedar muy abajo.
El paso por Fano coincide con otro tramo muy exigente. Las rampas continúan moviéndose entre el 10% y el 12%, manteniendo una presión constante sobre las piernas.
Los dos últimos kilómetros hacia la collada mantienen medias superiores al 8%, demostrando que Llomena apenas concede descansos hasta la cima.
La llegada a la Collada Llomena supone alcanzar una de las cimas más emblemáticas del oriente asturiano. Las vistas compensan sobradamente el esfuerzo realizado.
Tras coronar, comienza un descenso técnico y sinuoso por la vertiente opuesta. Conviene extremar la precaución, especialmente si el firme está húmedo.
Después de algo más de un kilómetro, aparece el desvío hacia Bedules. Es aquí donde comienza una segunda ascensión completamente diferente a la realizada hasta ese momento.
La pista hacia el Mirador de Bedules alterna hormigón, cemento rugoso y sectores de gravilla compactada, aunque es factible su paso con bicicleta de carretera. Presenta porcentajes agresivos, especialmente en la parte final. Es un terreno más incómodo que obliga a aplicar fuerza constantemente.
Los últimos metros conducen hasta el Mirador de Bedules, uno de los grandes balcones naturales de Asturias. Desde allí se contempla buena parte del Parque Natural de Ponga, las montañas circundantes y, en jornadas despejadas, algunas de las cumbres más destacadas de los Picos de Europa, poniendo un broche excepcional a una de las rutas más exigentes y memorables de toda la Cordillera Cantábrica.














