ALTO DE GALILEA (por Peguera)

El Alto de Galilea, situado en la sierra de Tramuntana de Mallorca, es una ascensión que destaca por su irregularidad y por un final extraordinariamente exigente. El ascenso parte de la zona de Peguera y Andratx, atraviesa Capdellà y se dirige hacia Galilea, donde se encuentra el Coll de Galilea, a 412 metros. Sin embargo, la ascensión no termina allí: continúa hasta el Alto de Galilea, situado a 501 metros, mediante unas rampas finales que contrastan radicalmente con los porcentajes moderados del inicio.
Su principal particularidad es precisamente esa distribución del esfuerzo. Los primeros kilómetros sirven para acumular desnivel de manera progresiva, mientras que la parte final concentra las rampas más severas, con máximos señalados del 23 % y del 21 %. Por ello, la pendiente media resulta poco representativa de la dificultad real del tramo definitivo.
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Asimismo, la altimetría presenta un recorrido de 13,9 km, 499 metros de desnivel y una pendiente media del 3,58 %, aunque estas cifras globales esconden una segunda mitad mucho más dura que la primera.

📊Altimetría y características

  • Vertiente: sur, por Peguera y Capdellà.
  • Longitud: 13,9 km.
  • Desnivel positivo: 499 m.
  • Altitud de llegada: 501 m.
  • Pendiente media: 3,58 %.
  • Pendiente máxima: 23 %.
  • Coll de Galilea: 412 m.
  • Alto de Galilea: 501 m.
  • Coeficiente APM: 95.
  • Perfil: ascensión irregular, con aproximación tendida y un final muy explosivo.
  • Carretera: estrecha y sinuosa, pero en buen estado (Ma-1012/ Ma-1032).
Fuente: altimetrias.net

El inicio de la ascensión a nivel prácticamente del mar, en torno a los 2-3 metros. Los primeros metros transcurren por el entorno urbano de Peguera, donde debemos enlazar distintas calles para abandonar la localidad. Aunque el desnivel acumulado es todavía escaso, estamos ante el inicio de una subida de casi 14 kilómetros.
Los kilómetros iniciales presentan porcentajes suaves e irregulares, con valores que oscilan aproximadamente entre el 0% y el 4%. Hay pequeñas ondulaciones que permiten avanzar sin grandes exigencias, aunque todavía no hemos entrado en la parte montañosa más interesante.
La ruta va abandonando el litoral para adentrarse hacia el interior de Mallorca. En este sector se alternan pequeñas subidas con breves descansos, y el desnivel se acumula de forma progresiva. El perfil muestra que todavía estamos lejos de las rampas que caracterizan el tramo final.
Al acercarnos a los kilómetros 3 y 4, los porcentajes comienzan a mostrar más continuidad, con sectores próximos al 3-5%. No se trata aún de una subida especialmente dura, pero sí de un terreno en el que conviene mantener un ritmo constante para reservar fuerzas.
El paso por esta localidad de Cabdella constituye una referencia importante dentro del recorrido. La carretera se estrecha, continúa ganando altura hacia Galilea y deja atrás progresivamente el ambiente más urbano de la zona baja. Desde aquí comienza la parte más reconocible de la ascensión, aunque todavía queda bastante distancia hasta el final.
Saliendo de la población, nos encontramos un sector irregular, con porcentajes modestos e incluso pequeños descensos. Estas oscilaciones explican por qué la pendiente media de todo el recorrido apenas alcanza el 3,5%. Sin embargo, no debemos confundir esa cifra con la dificultad de los últimos kilómetros.
A partir de la zona intermedia, el perfil empieza a ganar altura de manera más sostenida. Aparecen sectores en torno al 4-6%, que ya requieren un esfuerzo más constante. La carretera se dirige hacia las laderas de la sierra de Tramuntana y el paisaje adquiere un carácter progresivamente montañoso.
En torno a los kilómetros 8 y 9 se alternan pendientes moderadas con pequeños cambios de inclinación. Aunque el perfil no presenta todavía las cifras extremas del final, el desnivel acumulado comienza a hacerse notar. Es un buen momento para controlar el esfuerzo y evitar llegar excesivamente fatigados al tramo decisivo.
Conforme nos acercamos a la localidad, la carretera gana protagonismo como ascensión de montaña. La pendiente se vuelve más sostenida y aparecen porcentajes que rondan el 6%. La vegetación y el relieve de la zona acompañan una subida que combina tramos relativamente cómodos con otros en los que debemos incrementar la presión sobre los pedales.
El Coll de Galilea, a 412 metros. Este punto constituye una referencia fundamental porque no representa el final del ascenso. La altimetría distingue claramente el collado, situado a 412 metros, del Alto de Galilea, a 501 metros. Por tanto, todavía queda un desnivel considerable que superar después de alcanzar el paso de montaña.
El desvío hacia el núcleo de Galilea. Después de coronar el collado, debemos tomar el acceso al pueblo y continuar por su calle principal hacia la parte superior. El recorrido cambia aquí de carácter: dejamos atrás la carretera de aproximación y entramos en un tramo mucho más localizado, en el que las pendientes pueden aumentar bruscamente.
La altimetría señala pendientes del 9% y del 10,3% en el sector final, antes de alcanzar las rampas más extremas. Estos valores ya suponen un cambio radical respecto a la aproximación inicial. Si hemos llegado hasta aquí con un desarrollo demasiado exigente, será el momento de recurrir a una cadencia más cómoda.
Este es el sector más determinante de toda la ascensión. La altimetría indica dos rampas extraordinariamente duras, con pendientes máximas del 23% y del 21%. Son cifras que convierten el final en un auténtico muro, muy diferente de los kilómetros anteriores. La velocidad cae drásticamente y resulta fundamental mantener el equilibrio, especialmente si el firme presenta irregularidades o hay gravilla. La pendiente media global no refleja en absoluto esta dificultad.
Coronación del Alto de Galilea, a 501 metros. Tras superar las rampas finales, alcanzamos el punto más elevado de la ruta. La ascensión completa suma 13,9 kilómetros y 499 metros de desnivel, pero su principal dificultad no reside en la longitud ni en la pendiente media, sino en el contraste entre una aproximación relativamente tendida y un final brutal. 
El Alto de Galilea es un ejemplo perfecto de cómo una altimetría aparentemente moderada puede esconder un desenlace de enorme exigencia física.

COL DE LA VUE DES ALPES ( La Chaux-de-Fonds)

El Col de la Vue des Alpes es un puerto de montaña situado en el macizo del Jura suizo, en el cantón de Neuchâtel. Su nombre, que significa «Collado de la Vista de los Alpes», hace referencia a las panorámicas que se pueden contemplar desde su entorno, especialmente en jornadas despejadas, cuando el horizonte permite distinguir las cumbres alpinas.
La vertiente norte es una ascensión relativamente corta, con un trazado progresivo y pendientes moderadas. No presenta grandes rampas extremas, aunque sí una inclinación bastante constante durante buena parte del recorrido, lo que permite plantear una subida a ritmo sostenido.
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Asimismo, el paso es un paso habitual para los ciclistas que recorren las carreteras del Jura suizo. Su situación permite enlazar diferentes valles y localidades de la región, y su altitud lo convierte en un punto interesante tanto para el ciclismo de carretera como para las rutas de montaña de la zona. A diferencia de los grandes puertos alpinos, su atractivo no reside en una longitud extraordinaria ni en pendientes especialmente severas, sino en la combinación de una subida accesible, un entorno natural atractivo y las vistas que ofrece su parte superior.

📊Altimetría y características


  • Vertiente: Norte, desde el entorno de La Chaux-de-Fonds.
  • Longitud: aproximadamente 7,2 km.
  • Altitud de llegada: 1.283 m.
  • Altitud inicial: aproximadamente 989 m.
  • Desnivel positivo: unos 294 m.
  • Pendiente media: 4,1%.
  • Dificultad: moderada, con algún tramo más exigente.
  • Entorno: montañoso, con bosques, praderas y vistas panorámicas.


La ascensión arranca en un entorno urbano, en la ciudad de La Chaux-de-Fonds, cerca de los 1.000 metros. Esto explica que el desnivel acumulado sea relativamente contenido pese a alcanzar los 1.283 metros de la cima. Seguimos una orientación hacia el sur.
El perfil comienza con pendientes moderadas, generalmente entre el 3% y el 5%. Es un tramo apropiado para mantener una cadencia cómoda y reservar fuerzas para las variaciones posteriores.
La cercanía de esta ciudad relojera suiza aporta un contexto particular a la subida: en pocos kilómetros se pasa del entorno urbano a un paisaje característico del Jura, dominado por bosques y espacios abiertos.
La altimetría muestra una sucesión de porcentajes relativamente homogéneos. No encontramos largas rampas de dos dígitos, por lo que la dificultad reside principalmente en mantener el esfuerzo durante toda la ascensión.
En la parte central aparecen tramos más exigentes, con inclinaciones que se aproximan al 5-6%. Aunque no son rampas extremas, sí requieren aumentar ligeramente el esfuerzo respecto a los primeros kilómetros.
Conforme nos acercamos a la parte superior, la carretera continúa ganando altura sin presentar una sucesión de rampas especialmente agresivas. La pendiente media del 4,1% permite afrontar este sector con cierta regularidad, aunque conviene no confiarse hasta el final.
La recompensa es uno de los grandes atractivos del puerto: en condiciones de buena visibilidad, desde el collado se puede contemplar el paisaje del Jura, la meseta suiza y las cumbres de los Alpes. Suiza Turismo destaca precisamente el carácter panorámico de este lugar, cuyo nombre hace referencia a esas vistas.
En definitiva, esta vertiente del Col de la Vue des Alpes es una ascensión de dificultad moderada, ideal para mantener un ritmo constante y disfrutar del paisaje. No destaca por la dureza de sus rampas, sino por su carácter regular y por la panorámica que ofrece al alcanzar uno de los collados más conocidos del Jura suizo.

ASCENSO A LE NOIRMONT (por La Goule)

El ascenso a Le Noirmont, desde La Goule, nos propone una subida de montaña en el macizo del Jura suizo, en un entorno fronterizo entre Suiza y Francia. Se trata de una ascensión relativamente corta, pero con suficiente desnivel y algunos cambios de pendiente como para exigir un esfuerzo sostenido durante buena parte del recorrido.
El ascenso tiene 7,9 km de longitud, con una salida situada a 549 metros y una cima a 988 metros. El desnivel acumulado es de 439 metros, con una pendiente media del 5,6% y rampas máximas del 13%.
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📊Altimetría y características

  • Vertiente: desde La Goule.

  • Longitud: 7,9 km.

  • Altitud inicial: 549 m.

  • Altitud final: 988 m.

  • Desnivel positivo: 439 m.

  • Pendiente media: 5,6%.

  • Pendiente máxima: 13%.

  • Puntos de energía: 396.



La ascensión comienza en el fondo del valle del Doubs, en un entorno aislado, vía muy estrecha y rodeado de montañas boscosas. La Goule se encuentra junto al río fronterizo entre Suiza y Francia, en una zona de gran tranquilidad y alejada de las principales vías de comunicación. Desde aquí comienza el largo esfuerzo para recuperar la altitud perdida durante el descenso al valle.
La escalada tiene un inicio progresivo, con pendientes que van aumentando poco a poco. Aunque la media general del puerto se sitúa en el 5%, conviene no confiarse: todavía queda mucho desnivel por superar y las rampas más exigentes, alrededor del 10%, aparecen de forma intermitente a lo largo de la subida.
Uno de los grandes atractivos de esta vertiente es el paisaje del río, encajado entre laderas boscosas y paredes rocosas. En los primeros kilómetros, la carretera serpentea por el valle y ofrece diferentes perspectivas sobre el Doubs, convirtiendo el ascenso en una experiencia especialmente atractiva desde el punto de vista paisajístico.
La carretera presenta curvas sucesivas y algunos sectores bajo salientes rocosos, con un ambiente muy distinto al de los puertos alpinos más abiertos. La vegetación proporciona sombra en buena parte de este entorno y refuerza la sensación de estar remontando un valle profundo antes de alcanzar las zonas altas del Jura.
La altimetría señala una pendiente máxima del 13%, claramente superior a la media del puerto. Estos cambios de inclinación obligan a modificar el desarrollo y pueden convertirse en los puntos más duros de la subida, especialmente si se llega con demasiada intensidad después de los primeros kilómetros.
En la parte superior, el paisaje va abandonando progresivamente la imagen cerrada del fondo del valle. La carretera continúa remontando la ladera hasta acercarse a la meseta de las Franches-Montagnes, una zona característica del Jura suizo por sus praderas, bosques y explotaciones ganaderas.
La ascensión concluye a unos 988 metros de altitud, tras superar cerca de 439 metros de desnivel en 7,9 kilómetros. No es una subida de longitud extraordinaria, pero sí suficientemente exigente para dejar huella, gracias a sus rampas puntuales y a su continuidad. La recompensa es alcanzar las alturas del Jura desde el valle del Doubs, disfrutando de un paisaje que combina naturaleza, tranquilidad y carácter fronterizo.

ASCENSO A CHASSERAL (por Saint-Imier)

El ascenso a Chasseral, en el macizo del Jura suizo, es una de esas subidas que combinan la exigencia propia de una carretera de montaña con el atractivo de alcanzar uno de los miradores más espectaculares de la región. La ascensión atraviesa un paisaje de praderas, bosques y pequeños núcleos rurales hasta llegar a las inmediaciones de la cima, donde las vistas se abren sobre la meseta suiza y, en días despejados, hacia los Alpes.
La escalada tiene una longitud de 13,8 kilómetros, con una pendiente media del 6,1% y una altitud final de aproximadamente 1.607 metros. No se trata de un puerto uniforme: alterna sectores de dureza considerable, pequeños descansos y algún cambio de pendiente que obliga a adaptar continuamente el ritmo. El perfil destaca especialmente por un tramo central bastante exigente, entre los kilómetros 8 y 5 antes de coronar, así como por una parte final más llevadera, aunque todavía ascendente.

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📊Altimetría y características

  • Vertiente: norte.

  • Longitud: 13,8 km.

  • Pendiente media: 6,1%.

  • Altitud inicial: aproximadamente 766 m.

  • Altitud final: aproximadamente 1.607 m.

  • Desnivel positivo aproximado: 840 m.

  • Kilómetro más exigente: el sector central, con rampas que rondan o superan el 9%.

  • Carácter: puerto largo, irregular y de dificultad sostenida.

  • Entorno: praderas de montaña, bosques y panorámicas sobre el Jura y la meseta suiza.


Fuente: cyclingcols.com

La ascensión arranca en Saint-Imier, localidad situada en el valle del mismo nombre, a unos 766 metros de altitud. Desde los primeros kilómetros, la carretera comienza a ganar altura con decisión, dejando claro que estamos ante una subida larga y exigente. El desnivel acumulado y la distancia obligan a dosificar bien las fuerzas desde el comienzo.
Un comienzo sin demasiadas concesiones. Los primeros kilómetros presentan pendientes sostenidas, con numerosos sectores próximos al 8-9%. Aunque no aparecen rampas extremas de forma continuada, la carretera gana altura con rapidez.
A medida que avanzamos, el recorrido se introduce en un entorno de montaña dominado por los bosques y las praderas. La vegetación proporciona sombra en algunos sectores, mientras la carretera serpentea por las laderas que rodean el valle de Saint-Imier.
La carretera continúa ganando altura hasta aproximarse a Les Pontins, una referencia importante de esta vertiente. El paisaje comienza a abrirse y la subida pierde momentáneamente parte de su carácter uniforme, preparando uno de los cambios más interesantes de toda la altimetría.
En torno a la zona de Les Pontins, el recorrido presenta una transición hacia pendientes más suaves y pequeños cambios de rasante. Este sector constituye una oportunidad para recuperar algo de aliento, relajar la musculatura y preparar las piernas para la parte más exigente del ascenso.
La referencia del Col des Pontins marca un punto característico del recorrido. No debe confundirse con la cima del Chasseral: todavía queda una parte importante de la subida, con nuevos cambios de pendiente y un largo tramo de montaña por delante. Nos desviamos a la izquierda por una vía más estrecha, pero en todo momento en buen estado.
A partir del desvío, la carretera presenta una ligera ondulación e incluso algún pequeño descenso. Es un descanso relativo que conviene aprovechar, ya que el perfil vuelve a elevarse con mayor intensidad en el sector central.
Una vez superada la zona de transición, el recorrido vuelve a endurecerse de forma evidente. La altimetría muestra varios kilómetros de subida sostenida, con porcentajes que rondan el 8-10% en distintos puntos. Es el sector donde más se nota la acumulación de desnivel y donde resulta fundamental conservar una cadencia eficiente.
En la parte central aparecen algunas de las inclinaciones más elevadas de la vertiente, con referencias de dos dígitos. Aunque no se trata de una sucesión interminable de rampas extremas, la combinación de longitud, desnivel y continuidad convierte este tramo en el verdadero filtro físico de la subida.
Conforme nos acercamos a los 1.400 metros de altitud, el paisaje adquiere una fisonomía más abierta. Los bosques van dejando protagonismo a los pastos y a los espacios despejados, mientras las vistas permiten apreciar mejor la extensión del macizo del Jura.
Tras superar el sector más exigente, hay una progresiva reducción de las pendientes. La carretera continúa ascendiendo, pero aparecen porcentajes más moderados que permiten recuperar algo de velocidad y afrontar con mayor comodidad los kilómetros finales. A 3 kilómetros para coronar, pasamos por el col de Chasseral.
La aproximación a la parte superior se desarrolla por un entorno cada vez más despejado. La montaña pierde parte de su carácter boscoso y el trazado permite anticipar la llegada a una de las zonas más emblemáticas del Jura suizo. Es un buen momento para levantar la vista y disfrutar del paisaje sin dejar de mantener el esfuerzo. Pasamos por el hotel Le Chasseral.
La llegada a la cima y la antena de comunicaciones. La carretera alcanza finalmente el sector superior del Chasseral, alrededor de los 1.607 metros. La gran antena que caracteriza el lugar constituye una referencia visual inconfundible. Conviene distinguir entre el paso de montaña y el punto culminante al que llega la carretera: el recorrido puede continuar desde el collado hasta las instalaciones situadas en la zona alta. Pasaremos por un trazado irregular con rampas máximas que llegan al 10%.
Una cima que recompensa el esfuerzo. La llegada al Chasseral ofrece una recompensa que va mucho más allá de completar una ascensión de casi 14 kilómetros. En condiciones de buena visibilidad, las panorámicas abarcan la meseta suiza, las cadenas del Jura y los Alpes en el horizonte. Es precisamente esa combinación de exigencia deportiva y amplitud paisajística la que convierte al Chasseral en una de las ascensiones más atractivas de la región.

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