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ASCENSO A LA PLAGNE (por Aime)

La subida a La Plagne es una de las grandes ascensiones de los Alpes franceses, un puerto de primera categoría por sus dimensiones y por la continuidad de su esfuerzo. Desde Aime, en el valle de Tarentaise, la carretera asciende hasta la estación de La Plagne, situada a 2.090 metros de altitud, después de superar nada menos que 20 kilómetros de recorrido.
La Plagne ocupa un lugar destacado en la historia del ciclismo profesional, especialmente por sus diferentes apariciones como final de etapa del Tour de Francia. La estación alpina ha sido escenario de cinco llegadas de la ronda francesa, con victorias de algunos nombres importantes del pelotón internacional. Su primera gran aparición llegó en 1984, cuando Laurent Fignon se impuso en la 18.ª etapa, procedente de Alpe d'Huez. El francés repetiría victoria en 1987, en una jornada especialmente recordada por el desfallecimiento de Stephen Roche en los últimos kilómetros, después de protagonizar una intensa batalla con Pedro Delgado.
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Las cifras hablan por sí solas: 1.430 metros de desnivel positivo, una pendiente media del 7,1% y rampas máximas del 10%. Estamos ante una ascensión larga, exigente y bastante regular, en la que apenas existen oportunidades para recuperar. La carretera va remontando progresivamente la montaña a través de diferentes núcleos habitados, desde los primeros pueblos del valle hasta las urbanizaciones de montaña que forman el complejo turístico de La Plagne.

📊Altimetría y características


  • Lugar de inicio: Aime
  • Altitud inicial: 660 m
  • Altitud de llegada: 2.090 m
  • Desnivel positivo: 1.430 m
  • Longitud: 20 km
  • Pendiente media: 7,1%
  • Pendiente máxima: 10%
  • Coeficiente: 303
Fuente: Rocobike.com

La ascensión comienza en Aime, a unos 660 metros de altitud, en pleno valle de Tarentaise. Desde los primeros metros, con una orientación hacia el sur, la carretera empieza a ganar altura de forma bastante constante, con una pendiente inicial que se sitúa alrededor del 6,3%. Es un comienzo relativamente llevadero si tenemos en cuenta las dimensiones del puerto, aunque conviene no dejarse llevar por la sensación inicial de facilidad. La carretera abandona progresivamente el fondo del valle y empieza a introducirnos en un entorno de montaña, con las primeras vistas sobre las laderas que dominan esta parte de Saboya.
Seguimos ganando altura en dirección a Macôt-la-Plagne (D 220), dejando atrás el desvío a Longefoy, con un primer cambio en la inclinación. La pendiente media del kilómetro inicial de este sector ronda el 5,4%, ofreciendo una pequeña oportunidad para acomodar el ritmo. La carretera presenta un trazado que va adaptándose a la orografía, alternando zonas relativamente rectilíneas con curvas que permiten ir remontando la ladera. Todavía estamos en la parte baja de la ascensión, pero ya se empieza a percibir la dimensión del desafío que tenemos por delante.
La pendiente aumenta y nos adentramos en un tramo considerablemente más exigente, con porcentajes que alcanzan el 7,6% de media en el tercer kilómetro. La carretera empieza a ganar altura con mayor decisión y aparecen las primeras rampas que obligan a seleccionar un desarrollo adecuado. Es una zona de transición hacia los sectores más duros de la subida, donde el trazado va dejando atrás el ambiente del valle para introducirnos en un paisaje cada vez más montañoso. La proximidad de Macôt-la-Plagne permite identificar uno de los primeros núcleos habitados del recorrido.
Llegamos a uno de los primeros sectores realmente exigentes, con una pendiente media del 8,2% y una rampa máxima que alcanza el 10%. Es un tramo donde la carretera se endurece de manera evidente, obligándonos a mantener un esfuerzo constante. Las curvas y los cambios de orientación del trazado ayudan a superar el desnivel de la montaña. Es importante no gastar demasiadas energías aquí, puesto que todavía quedan muchos kilómetros de ascensión y el puerto apenas está empezando a mostrar su verdadera dureza.
El ascenso, siempre intenso y regular, mantiene una gran continuidad, con un porcentaje medio próximo al 8%. La carretera, siempre ancha y en buen estado, continúa remontando la montaña entre vegetación y laderas alpinas, con un trazado que combina curvas de diferente amplitud y pequeños tramos más abiertos. La altitud ya supera los 900 metros y vamos dejando atrás el entorno más poblado del valle. 
Nos encontramos ante otro kilómetro de considerable dureza, con una pendiente media del 8,1%. La carretera mantiene un perfil ascendente muy uniforme, sin apenas interrupciones, y las piernas empiezan a notar la acumulación del desnivel. El paisaje adquiere progresivamente un carácter más alpino, con las primeras perspectivas amplias sobre las montañas del entorno.
La pendiente se modera ligeramente hasta situarse alrededor del 7%, aunque seguimos hablando de un porcentaje suficientemente exigente. Pasamos por el entorno de Les Villards de Mâcot, uno de los núcleos habitados que encontramos en esta larga ascensión. La carretera atraviesa un paisaje de montaña con construcciones tradicionales y vegetación que acompaña buena parte del recorrido. La presencia de pequeños núcleos urbanos introduce cierta variedad visual, aunque la carretera continúa siendo una subida prácticamente ininterrumpida. Conviene aprovechar este pequeño descenso de la pendiente para recuperar algo de ritmo.
Volvemos a encontrar porcentajes superiores al 8%, concretamente una media del 8,2%. La ascensión recupera su carácter más exigente y nos obliga nuevamente a mantener un desarrollo adecuado. El trazado continúa adaptándose a la ladera, combinando curvas con pequeños tramos rectilíneos que permiten visualizar la carretera ganando altura por encima de nosotros. La vegetación y las construcciones dispersas ofrecen un paisaje típicamente saboyano. A estas alturas ya hemos superado una parte importante del desnivel, pero todavía queda una larga sucesión de kilómetros de esfuerzo.
La pendiente se mantiene prácticamente en los mismos registros, con un 8% de media. Nos acercamos a Prariond, situado en una zona intermedia del ascenso, mientras la carretera continúa remontando la montaña sin apenas ofrecer treguas. Es un sector especialmente importante desde el punto de vista de la gestión del esfuerzo, puesto que nos acercamos a la mitad del recorrido y ya acumulamos un desnivel considerable. Las curvas permiten ir descubriendo nuevas perspectivas sobre el valle de Tarentaise, cada vez más alejado y situado a nuestros pies.
Superamos el ecuador de la ascensión y nos encontramos con otro kilómetro muy exigente, con una pendiente media del 7,7-8,2%, según el tramo considerado. La carretera mantiene una gran regularidad y continúa ganando altura entre laderas boscosas y pequeñas zonas habitadas. No hay grandes descansos ni descensos que permitan recuperar, de modo que el esfuerzo sigue siendo acumulativo. Es uno de los momentos en los que más se agradece haber reservado fuerzas durante la primera mitad del puerto. La altitud ya ronda los 1.400 metros y el paisaje empieza a abrirse progresivamente.
Llegamos a una pequeña tregua relativa, con una pendiente media del 6,6%. La carretera sigue ascendiendo, pero el cambio de inclinación permite recuperar ligeramente la cadencia después de tantos kilómetros exigentes. Nos acercamos al entorno de La Roche, donde el recorrido continúa serpenteando por la montaña. Las vistas van ganando amplitud y empezamos a percibir un ambiente más propio de alta montaña, con las laderas que rodean la estación de esquí dominando el horizonte. Es un buen momento para hidratarse y preparar las piernas para los siguientes kilómetros, que vuelven a presentar porcentajes importantes.
La pendiente vuelve a incrementarse hasta situarse alrededor del 7,6%. La carretera continúa remontando la montaña mediante un trazado que alterna curvas y pequeños sectores más rectilíneos. El desnivel acumulado empieza a hacerse notar y la ascensión mantiene una exigencia considerable, especialmente porque no existen descansos prolongados. El paisaje se vuelve cada vez más abierto y las construcciones vinculadas a las poblaciones de montaña empiezan a adquirir mayor protagonismo. Nos acercamos a la parte superior del valle, aunque todavía queda bastante recorrido hasta alcanzar los 2.000 metros.
Nos enfrentamos a otro sector muy constante, con una pendiente media del 7,8%. La carretera continúa ascendiendo de manera sostenida y nos conduce hacia las zonas más elevadas del complejo de La Plagne. El trazado mantiene su carácter de carretera de montaña, con curvas que se adaptan a la pendiente natural del terreno y algunas rectas que permiten contemplar la progresión de la subida. La vegetación empieza a cambiar conforme ganamos altitud y el paisaje adquiere una apariencia más alpina. A pesar de llevar ya muchos kilómetros, todavía no podemos hablar de una parte final cómoda.
La pendiente media se sitúa alrededor del 7,1%, una ligera moderación que supone cierto alivio después de la continuidad de los sectores anteriores. La carretera sigue ganando altura en dirección a las urbanizaciones de la estación, mientras el entorno se vuelve cada vez más turístico y montañoso. Las edificaciones aparecen con mayor frecuencia y las vistas sobre las montañas circundantes ofrecen una perspectiva diferente respecto a los primeros kilómetros. Es un tramo en el que conviene mantener la concentración, puesto que el cansancio acumulado puede hacer que incluso los porcentajes más moderados resulten exigentes.
Entramos en el entorno de La Plagne 1800, uno de los núcleos más representativos de la estación. La pendiente media desciende hasta aproximadamente el 6,2%, proporcionando un pequeño respiro en esta parte avanzada de la ascensión. La carretera atraviesa una zona más urbanizada, con edificios e instalaciones vinculados a la actividad turística y deportiva de la estación de esquí. El paisaje combina las construcciones de montaña con las amplias laderas que rodean este complejo alpino. Aunque la inclinación resulta algo más favorable, todavía tenemos que superar varios kilómetros antes de alcanzar el punto más alto.
La subida vuelve a presentar porcentajes próximos al 6,8%, manteniendo una exigencia moderada pero constante. Nos dirigimos hacia Belle-Plagne y las zonas superiores de la estación, atravesando un entorno claramente alpino. El trazado continúa adaptándose a la disposición de las diferentes urbanizaciones, con curvas y tramos de carretera más abiertos. La altitud supera ya los 1.800 metros y la sensación de estar realizando una auténtica ascensión de alta montaña es cada vez más evidente. Las fuerzas empiezan a escasear, pero la pendiente permite mantener un ritmo razonablemente constante.
Afrontamos uno de los sectores relativamente más asequibles de la parte final, con una pendiente media del 5,8%. Pasamos por el entorno de Aime-la-Plagne y seguimos ganando altura hacia las instalaciones superiores de la estación. La carretera presenta un perfil más amable que en la parte central del puerto, aunque el cansancio acumulado después de casi 18 kilómetros de ascensión puede hacer que este tramo tampoco resulte sencillo. El paisaje es ya plenamente de alta montaña, con amplias panorámicas sobre las cumbres y las laderas alpinas. Estamos muy cerca de los 2.000 metros de altitud y la cima empieza a estar al alcance.
Llegamos al último sector de la ascensión, que mantiene una pendiente media aproximada del 6%, con algunos cambios de inclinación que pueden alcanzar porcentajes superiores. La carretera sigue avanzando entre las instalaciones de la estación hasta alcanzar finalmente La Plagne, a 2.090 metros de altitud. Los últimos metros permiten contemplar el entorno de alta montaña que rodea esta conocida estación de esquí, culminando una subida de más de 20 kilómetros y 1.430 metros de desnivel positivo. La recompensa es importante: hemos superado una ascensión larga, exigente y muy constante, en la que la resistencia y la buena gestión del esfuerzo han sido fundamentales.
La ascensión utiliza la carretera de acceso a la estación, por lo que no debe considerarse una vía exclusivamente ciclista. Es razonable esperar circulación de vehículos particulares, autobuses y tráfico turístico, especialmente durante los periodos de actividad de la estación de esquí y los meses de verano. Conviene prestar atención en las curvas, en los accesos a las distintas urbanizaciones y en los tramos donde la carretera atraviesa núcleos habitados.

ASCENSO A CHASSERAL (por Saint-Imier)

El ascenso a Chasseral, en el macizo del Jura suizo, es una de esas subidas que combinan la exigencia propia de una carretera de montaña con el atractivo de alcanzar uno de los miradores más espectaculares de la región. La ascensión atraviesa un paisaje de praderas, bosques y pequeños núcleos rurales hasta llegar a las inmediaciones de la cima, donde las vistas se abren sobre la meseta suiza y, en días despejados, hacia los Alpes.
La escalada tiene una longitud de 13,8 kilómetros, con una pendiente media del 6,1% y una altitud final de aproximadamente 1.607 metros. No se trata de un puerto uniforme: alterna sectores de dureza considerable, pequeños descansos y algún cambio de pendiente que obliga a adaptar continuamente el ritmo. El perfil destaca especialmente por un tramo central bastante exigente, entre los kilómetros 8 y 5 antes de coronar, así como por una parte final más llevadera, aunque todavía ascendente.

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📊Altimetría y características

  • Vertiente: norte.

  • Longitud: 13,8 km.

  • Pendiente media: 6,1%.

  • Altitud inicial: aproximadamente 766 m.

  • Altitud final: aproximadamente 1.607 m.

  • Desnivel positivo aproximado: 840 m.

  • Kilómetro más exigente: el sector central, con rampas que rondan o superan el 9%.

  • Carácter: puerto largo, irregular y de dificultad sostenida.

  • Entorno: praderas de montaña, bosques y panorámicas sobre el Jura y la meseta suiza.


Fuente: cyclingcols.com

La ascensión arranca en Saint-Imier, localidad situada en el valle del mismo nombre, a unos 766 metros de altitud. Desde los primeros kilómetros, la carretera comienza a ganar altura con decisión, dejando claro que estamos ante una subida larga y exigente. El desnivel acumulado y la distancia obligan a dosificar bien las fuerzas desde el comienzo.
Un comienzo sin demasiadas concesiones. Los primeros kilómetros presentan pendientes sostenidas, con numerosos sectores próximos al 8-9%. Aunque no aparecen rampas extremas de forma continuada, la carretera gana altura con rapidez.
A medida que avanzamos, el recorrido se introduce en un entorno de montaña dominado por los bosques y las praderas. La vegetación proporciona sombra en algunos sectores, mientras la carretera serpentea por las laderas que rodean el valle de Saint-Imier.
La carretera continúa ganando altura hasta aproximarse a Les Pontins, una referencia importante de esta vertiente. El paisaje comienza a abrirse y la subida pierde momentáneamente parte de su carácter uniforme, preparando uno de los cambios más interesantes de toda la altimetría.
En torno a la zona de Les Pontins, el recorrido presenta una transición hacia pendientes más suaves y pequeños cambios de rasante. Este sector constituye una oportunidad para recuperar algo de aliento, relajar la musculatura y preparar las piernas para la parte más exigente del ascenso.
La referencia del Col des Pontins marca un punto característico del recorrido. No debe confundirse con la cima del Chasseral: todavía queda una parte importante de la subida, con nuevos cambios de pendiente y un largo tramo de montaña por delante. Nos desviamos a la izquierda por una vía más estrecha, pero en todo momento en buen estado.
A partir del desvío, la carretera presenta una ligera ondulación e incluso algún pequeño descenso. Es un descanso relativo que conviene aprovechar, ya que el perfil vuelve a elevarse con mayor intensidad en el sector central.
Una vez superada la zona de transición, el recorrido vuelve a endurecerse de forma evidente. La altimetría muestra varios kilómetros de subida sostenida, con porcentajes que rondan el 8-10% en distintos puntos. Es el sector donde más se nota la acumulación de desnivel y donde resulta fundamental conservar una cadencia eficiente.
En la parte central aparecen algunas de las inclinaciones más elevadas de la vertiente, con referencias de dos dígitos. Aunque no se trata de una sucesión interminable de rampas extremas, la combinación de longitud, desnivel y continuidad convierte este tramo en el verdadero filtro físico de la subida.
Conforme nos acercamos a los 1.400 metros de altitud, el paisaje adquiere una fisonomía más abierta. Los bosques van dejando protagonismo a los pastos y a los espacios despejados, mientras las vistas permiten apreciar mejor la extensión del macizo del Jura.
Tras superar el sector más exigente, hay una progresiva reducción de las pendientes. La carretera continúa ascendiendo, pero aparecen porcentajes más moderados que permiten recuperar algo de velocidad y afrontar con mayor comodidad los kilómetros finales. A 3 kilómetros para coronar, pasamos por el col de Chasseral.
La aproximación a la parte superior se desarrolla por un entorno cada vez más despejado. La montaña pierde parte de su carácter boscoso y el trazado permite anticipar la llegada a una de las zonas más emblemáticas del Jura suizo. Es un buen momento para levantar la vista y disfrutar del paisaje sin dejar de mantener el esfuerzo. Pasamos por el hotel Le Chasseral.
La llegada a la cima y la antena de comunicaciones. La carretera alcanza finalmente el sector superior del Chasseral, alrededor de los 1.607 metros. La gran antena que caracteriza el lugar constituye una referencia visual inconfundible. Conviene distinguir entre el paso de montaña y el punto culminante al que llega la carretera: el recorrido puede continuar desde el collado hasta las instalaciones situadas en la zona alta. Pasaremos por un trazado irregular con rampas máximas que llegan al 10%.
Una cima que recompensa el esfuerzo. La llegada al Chasseral ofrece una recompensa que va mucho más allá de completar una ascensión de casi 14 kilómetros. En condiciones de buena visibilidad, las panorámicas abarcan la meseta suiza, las cadenas del Jura y los Alpes en el horizonte. Es precisamente esa combinación de exigencia deportiva y amplitud paisajística la que convierte al Chasseral en una de las ascensiones más atractivas de la región.

ASCENSO A SOMMET BUCHER (por Château-Queyras)

Sommet Bucher es una de las ascensiones más singulares del Queyras francés. Situada en las inmediaciones de Château-Queyras, la subida alcanza aproximadamente los 2.254 metros de altitud y presenta un carácter muy diferente al de un puerto asfaltado convencional: es una ascensión de alta montaña sobre una pista de montaña, por lo que resulta especialmente apropiada para bicicleta gravel o BTT.
El ascenso es, además, uno de los pocos puntos elevados del Queyras accesibles en bicicleta, y su posición privilegiada le proporciona unas panorámicas excepcionales sobre las montañas y valles de la comarca. El recorrido oficial de gravel del territorio lo presenta precisamente como uno de los grandes miradores del Queyras. De hecho, el propio territorio del Queyras promociona actualmente esta ruta de gravel hacia Sommet Bucher. La pista comienza como una vía ciclable y posteriormente enlaza con caminos forestales de montaña, por lo que la elección de bicicleta y neumáticos adecuados resulta fundamental. 

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El ascenso tiene una longitud de 11 km, con unos 900 metros de desnivel positivo, una pendiente media del 8,18% y máximas del 12%. Es, por tanto, una ascensión corta en distancia, pero muy exigente en términos de pendiente y altitud.


📊Altimetría y características



  • Vertiente: desde Château-Queyras.
  • Longitud de la ascensión: 11 km.
  • Desnivel positivo: 900 m.
  • Altitud de salida: aproximadamente 1.354 m.
  • Altitud de llegada: 2.254 m.
  • Pendiente media: 8,18%.
  • Pendiente máxima: 12%.
  • Macizo: Queyras, Alpes franceses.
  • Firme mixto, con asfalto deteriorado y numerosos tramos de pista.
  • Ascensión especialmente apropiada para gravel o BTT.
  • Dificultad elevada por pendiente, firme y altitud.
  • Tráfico motorizado reducido fuera de los periodos de mayor afluencia.

  • Fuente: cols-cyclisme.com

    La ascensión comienza en Château-Queyras, junto al valle del Guil, a una altitud aproximada de 1.350 metros. Desde los primeros metros queda claro que la subida va a exigir mucho más que una ascensión convencional: el porcentaje se sitúa rápidamente alrededor del 7-8%.
    El primer kilómetro, en los alrededores de la localidad, es el más amable de toda la altimetría, con una media cercana al 2%, permitiendo adaptar el desarrollo y preparar las piernas antes de que aparezcan las verdaderas rampas.
    A partir del segundo kilómetro, al entrar de lleno en la pista forestal, la pendiente aumenta claramente. El perfil pasa a sectores del 7-9%, iniciándose una larga sucesión de kilómetros en los que prácticamente nunca desaparece la sensación de ascenso.
    Entre los kilómetros 2 y 4 se mantiene una pendiente muy constante, alrededor del 8-9%. Es un tramo en el que la regularidad resulta fundamental, especialmente porque el firme puede obligar a realizar un esfuerzo mayor del que indican únicamente los porcentajes. Varias curvas tienen el piso cimentado.
    El entorno comienza a adquirir progresivamente un carácter forestal. Destaca especialmente el paso por una magnífica zona de alerces, situada aproximadamente a 1.670 metros, árboles que recolonizaron antiguos pastos y prados de siega abandonados.
    El kilómetro 4 presenta un pequeño alivio en la altimetría, con una pendiente en torno al 6%. Es uno de los pocos momentos en los que podemos reducir ligeramente el esfuerzo antes de afrontar nuevamente porcentajes cercanos al 9%.
    El tramo comprendido entre los kilómetros 4 y 6 constituye uno de los sectores más duros de la subida. Especialmente significativo resulta el sexto kilómetro, que alcanza aproximadamente el 10,2% de media, el valor más elevado del perfil aportado.
    Superado el kilómetro 6, entramos en un largo sector de montaña en el que la pendiente permanece elevada, aunque ligeramente más regular. La altimetría marca aproximadamente un 8,7% en el km 6, 8,2% en el 7 y 7,8% en el 8.
    A estas alturas, la altitud comienza a convertirse en otro elemento importante. Ya estamos cerca de los 2.000 metros, y la combinación de desnivel acumulado, pendiente y aire cada vez más fino hace que la parte final resulte mucho más exigente que lo que podría sugerir la distancia restante.
    El kilómetro 9 mantiene todavía un exigente 8,4%, mientras el paisaje se abre progresivamente. Los claros del bosque permiten contemplar las montañas del Queyras y convierten esta parte de la subida en uno de los sectores más espectaculares del recorrido. El Sommet Bucher es reconocido precisamente por sus panorámicas sobre la comarca.
    En el kilómetro 10 aparece otro tramo próximo al 8-9%, antes de afrontar el último kilómetro. Ya no hay prácticamente ningún lugar donde esconderse: la ascensión se desarrolla en un ambiente plenamente alpino y el esfuerzo acumulado se hace notar.
    El último kilómetro es algo más llevadero, con aproximadamente un 6-7%, pero la llegada se produce por encima de los 2.200 metros. La pista ciclable finaliza en el aparcamiento. A unos 200 metros hay un perqueño refugio, el de la imagen inicial, que nos permite ver bonitas panorámicas del Queyras.
    Finalmente, alcanzamos el Sommet Bucher, a unos 2.254 metros, después de 11 kilómetros y 900 metros de ascensión. La recompensa no es únicamente haber superado una subida muy exigente: el lugar funciona como un auténtico balcón sobre el Queyras, con vistas hacia algunas de las grandes montañas y valles de la zona. 

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