El Puerto del Palo es una de las ascensiones históricas del occidente asturiano y uno de los pasos de montaña más importantes de la antigua ruta que comunicaba Asturias con Galicia. Situado a 1.146 metros de altitud, atraviesa un paisaje de media y alta montaña caracterizado por extensos brezales, pastizales y laderas abiertas, ofreciendo un entorno muy diferente al de los grandes bosques del centro y oriente de Asturias.
La vertiente desde Pola de Allande es la más conocida y frecuentada por los ciclistas. Se trata de un puerto largo, constante y muy regular, donde la dureza no reside en grandes rampas, sino en un esfuerzo continuo durante casi doce kilómetros. Es una ascensión ideal para escaladores de fondo, que permite mantener un ritmo uniforme hasta la cima. Su carretera forma parte del trazado del Camino Primitivo de Santiago y conserva un marcado carácter montañero, convirtiéndose en una de las ascensiones imprescindibles para descubrir el ciclismo en el occidente asturiano.
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El paso es uno de los puertos clásicos del cicloturismo asturiano. Su longitud, tranquilidad y belleza paisajística hacen que aparezca con frecuencia en rutas de gran fondo que recorren los concejos de Allande, Tineo y Cangas del Narcea. Asimismo, La Vuelta a España ha incluido este puerto en varias ocasiones, normalmente como paso de montaña dentro de etapas por el occidente de Asturias. Aunque rara vez ha sido final de etapa, su ascensión ha servido para seleccionar el pelotón antes de afrontar otros puertos más decisivos.
📊Altimetría y características
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| Fuente: 39x28altimetrias.com |
El ascenso tiene inicio en Pola de Allande con una pendiente cercana al 5 %, con una orientación hacia el oeste. Desde el inicio queda claro que el puerto apuesta por la regularidad más que por las rampas explosivas.
El primer kilómetro permite abandonar el casco urbano mientras la carretera asciende entre prados y pequeñas explotaciones ganaderas. El esfuerzo es progresivo y muy llevadero.
Entre los kilómetros 1 y 2 aparece una breve rampa que alcanza el 10 % en las inmediaciones de Culebreu. Es el primer punto donde conviene cambiar de ritmo antes de volver a porcentajes más moderados.
Superado este tramo, el puerto recupera rápidamente su carácter constante. Las pendientes vuelven a estabilizarse alrededor del 5 %, facilitando una cadencia uniforme.
Los kilómetros 3 y 4 mantienen prácticamente la misma inclinación. El desnivel se acumula poco a poco sin ofrecer descansos significativos, pero tampoco momentos especialmente duros.
En torno al kilómetro 6 aparece el desvío hacia el Puerto de La Marta. Desde este punto, el entorno se vuelve más abierto y comienzan a desaparecer buena parte de las masas forestales.
La zona central del puerto constituye el tramo más representativo de la ascensión. Las pendientes permanecen muy estables, siempre próximas al 5 %, obligando a mantener un esfuerzo continuo.
A medida que se gana altura, aumentan las panorámicas sobre los valles del concejo de Allande. En días despejados, las vistas alcanzan una enorme profundidad.
Entre los kilómetros 8 y 9, la pendiente se incrementa ligeramente hasta acercarse al 6 %. No supone un cambio brusco, pero sí un aumento perceptible del esfuerzo.
El puerto conserva un tráfico muy reducido durante gran parte del año. Esta tranquilidad convierte la subida en una experiencia especialmente agradable para el cicloturismo.
En los dos últimos kilómetros, el paisaje adquiere un carácter plenamente de alta montaña. Los brezales sustituyen a la vegetación más abundante de la parte baja y el viento suele hacerse notar.
El penúltimo kilómetro es una larga recta que mantiene porcentajes próximos al 6 %, preparando las piernas para el esfuerzo definitivo antes de alcanzar el collado.
El último kilómetro es el más exigente de toda la ascensión, con una pendiente media superior al 6 % y algún tramo cercano al 7 %. Es el cierre perfecto para una subida que había sido muy constante hasta ese momento.
La llegada al Puerto del Palo culmina una ascensión de gran elegancia ciclista. Sin porcentajes extremos, combina regularidad, paisaje, tranquilidad y un marcado carácter histórico, consolidándose como uno de los puertos imprescindibles del occidente asturiano.

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