El ascenso al Llano de las Ovejas constituye una de las mayores ascensiones de toda la Cordillera Cantábrica y, probablemente, la carretera asfaltada más exigente de la provincia de León. Partiendo desde Ponferrada, la ruta remonta el valle del Boeza hasta adentrarse en los Montes Aquilianos y culminar en el altiplano del Llano de las Ovejas, a 1.958 metros de altitud, tras superar previamente el Puerto de El Morredero y el collado de los Portillinos.
Se trata de una subida de enorme personalidad, donde la dureza se reparte en varios escenarios completamente diferentes: un largo acercamiento inicial, las durísimas rampas hacia San Cristóbal de Valdueza, la ascensión al Morredero, el impresionante muro de los Portillinos y el interminable altiplano final. Son más de treinta kilómetros de ascensión que convierten esta vertiente en uno de los grandes retos del ciclismo de montaña español. Asimismo, El Morredero ha aparecido en varias ocasiones como final de etapa de la Vuelta a España, convirtiéndose en uno de los ascensos históricos del ciclismo leonés. Sin embargo, continuar más allá del puerto hasta el Llano de las Ovejas multiplica la dureza y transforma una gran subida en una auténtica etapa de alta montaña. Asimismo, el conjunto Morredero-Portillinos-Llano de las Ovejas es muy apreciado por los cicloturistas más experimentados gracias a su aislamiento, sus espectaculares paisajes y un coeficiente APM cercano a los grandes colosos europeos.
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📊Altimetría y características
| Fuente: altimetrias.net |
La ascensión comienza en Ponferrada, cruzando el río Boeza para dirigirse hacia el valle de Valdueza. Los primeros kilómetros son prácticamente un largo calentamiento, con pendientes inferiores al 2%. Asimismo, el firme presenta un estado aceptable durante la mayor parte del recorrido, aunque la LE-5228 muestra algunos tramos con socavones, irregularidades y asfalto deteriorado, especialmente en determinados sectores de montaña. Conviene extremar la atención tanto en el ascenso como, sobre todo, durante el descenso.
Hasta alcanzar Barrios de Salas, la carretera avanza cómodamente entre pequeñas localidades bercianas, atravesando un paisaje dominado por viñedos, castaños y vegetación mediterránea propia del Bierzo.
En Villar de los Barrios comienza a cambiar el carácter de la ascensión. La pendiente aumenta de forma progresiva mientras la carretera abandona definitivamente el fondo del valle.
Poco después aparece uno de los primeros sectores importantes, con varios kilómetros entre el 4% y el 5% que sirven como antesala de las grandes dificultades de la jornada.
El paso por la iglesia de Barrios marca el final de la tranquilidad inicial. A partir de aquí, las piernas comienzan a notar una subida mucho más seria y continua.
Los siguientes kilómetros presentan una sucesión de rampas crecientes hasta alcanzar San Cristóbal de Valdueza, uno de los pueblos con mayor tradición montañera del Bierzo.
Antes de llegar a la localidad, aparece un exigente tramo cercano al 13%, uno de los puntos donde la ascensión muestra por primera vez toda su dureza.
San Cristóbal de Valdueza supone un excelente lugar para recuperar el aliento. La presencia de una fuente y el extraordinario patrimonio tradicional del pueblo invitan a una breve pausa antes de afrontar el siguiente desafío.
Nada más abandonar la localidad, comienza un nuevo muro, con varios centenares de metros que rondan el 14%. Este sector obliga a gestionar cuidadosamente el esfuerzo, pues la cima aún queda muy lejana.
Superado este muro inicial, la carretera continúa alternando kilómetros muy exigentes, con numerosos tramos entre el 10% y el 13%, sin apenas descanso. Es probablemente la sección más dura de toda la subida.
Conforme se gana altura, el bosque va envolviendo la carretera, aunque el gran incendio de agosto de 2025 muestra, en parte, una montaña carbonizada, especialmente en su vertiente opuesta.
Tras los kilómetros más explosivos, la pendiente se estabiliza alrededor del 7-8%. Aunque los porcentajes disminuyen ligeramente, el desnivel acumulado empieza a hacerse notar después de más de veinte kilómetros de ascensión.
La carretera continúa remontando la ladera mediante curvas amplias que permiten contemplar continuamente el valle berciano a nuestra espalda, ofreciendo magníficas panorámicas conforme aumenta la altitud.
En las proximidades de la estación de montaña aparece un breve respiro antes del último esfuerzo para alcanzar el Puerto de El Morredero. La vegetación comienza a escasear y el paisaje adquiere un marcado carácter de alta montaña.
Durante estos kilómetros finales hacia El Morredero predominan pendientes sostenidas entre el 6% y el 8%, muy constantes, que terminan desgastando tras el enorme esfuerzo realizado desde San Cristóbal.
El entorno se abre progresivamente y permite divisar buena parte de los Montes Aquilianos, mientras la carretera continúa ascendiendo hacia las instalaciones de la antigua estación de esquí.
Finalmente, se corona el Puerto de El Morredero, situado en torno a los 1.735 metros de altitud. Para muchos ciclistas, aquí concluiría una ascensión extraordinaria, pero en realidad aún resta la parte más singular del recorrido.
Sin apenas margen para recuperar, la carretera continúa hacia el Puerto de los Portillinos, donde reaparecen pendientes cercanas al 7% y el paisaje se vuelve completamente abierto, dominado por extensos pastizales de altura.
Desde el collado de los Portillinos se disfruta de una de las panorámicas más espectaculares de toda la provincia de León. La sensación de aislamiento es absoluta y únicamente el viento rompe el silencio de la montaña.
Superado el collado, llega una nueva sorpresa: una rampa cercana al 11% vuelve a exigir un esfuerzo considerable cuando ya se acumulan más de treinta kilómetros de ascensión.
La carretera asciende ahora hacia el Llano de las Ovejas mediante largas rectas y suaves curvas, alternando pequeños repechos con ligeros descansos que nunca permiten recuperar completamente.
La altitud cercana a los dos mil metros hace que el viento y las condiciones meteorológicas puedan modificar notablemente la dificultad del recorrido, incluso durante los meses estivales.
La ausencia casi total de arbolado en la parte superior contrasta con los espesos bosques atravesados kilómetros atrás, ofreciendo un paisaje mucho más abierto y característico de la alta montaña leonesa.
La tranquilidad del recorrido constituye otro de sus grandes atractivos. El tráfico suele ser muy escaso y permite disfrutar plenamente de una carretera que parece diseñada exclusivamente para el ciclismo y el acceso a la montaña.
La llegada al Llano de las Ovejas, sin ninguna indicación, a 1.958 metros de altitud, pone el broche final a una de las ascensiones más impresionantes de España. Sus más de 32 kilómetros de subida, 1.451 metros de desnivel positivo y la combinación del Puerto de El Morredero, el Puerto de los Portillinos y el altiplano final convierten este recorrido en uno de los grandes gigantes del cicloturismo nacional.





