ASCENSO A CABEZA DE MANZANEDA (desde A Pobra de Trives)

La ascensión a Cabeza de Manzaneda constituye uno de los grandes recorridos de montaña del Macizo Central Ourensano, con una aproximación larga y progresiva que permite atravesar diferentes paisajes de la comarca de Terra de Trives hasta alcanzar los 1.716 metros de altitud. El recorrido combina pequeños núcleos rurales, zonas de montaña y, en su parte superior, un entorno mucho más abierto, donde la carretera se dirige hacia la Estación de Montaña de Manzaneda y posteriormente hacia la propia Cabeza de Manzaneda.
El alto es uno de los puertos de referencia para el ciclismo de montaña en Ourense y un destino especialmente atractivo para el cicloturismo. La presencia de la estación de montaña ha convertido la parte alta en un punto habitual para actividades deportivas y de montaña, mientras que las carreteras de acceso permiten diseñar recorridos de gran kilometraje por el Macizo Central. Además, el entorno tiene una dimensión paisajística especialmente marcada en la actualidad. Sin embargo, la zona de Manzaneda ha sufrido importantes incendios forestales; en agosto de 2025, un incendio llegó hasta las proximidades de la Estación de Montaña de Manzaneda, obligando incluso a confinar a un campamento infantil, mientras que otros episodios anteriores habían afectado también a amplias superficies del municipio.
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📊Altimetría y características


  • Longitud: 20,4 km.
  • Desnivel positivo aproximado: 971 m.
  • Altitud inicial: 745 m.
  • Altitud final: 1.716 m.
  • Pendiente media: 4,9%.
  • Ascensión larga y de dificultad media-alta.
  • Perfil irregular, con numerosos cambios de pendiente.
  • Sectores de descanso intercalados con rampas más exigentes.
  • Carretera de montaña en buen estado (OU-0703).
  • Tráfico generalmente escaso en la parte superior.
  • Paisaje de montaña y zonas forestales.
  • Llegada a la Estación de Montaña de Manzaneda y continuación hasta Cabeza de Manzaneda.

  • Fuente: cyclingcols

    La ascensión comienza a una altitud aproximada de 745 metros, desde el desvío en A Pobra de Trives por la OU-0703, en un recorrido que desde los primeros kilómetros presenta una pendiente moderada. Los porcentajes iniciales son relativamente contenidos y permiten afrontar con tranquilidad una subida que todavía tiene muchos kilómetros por delante.
    Durante los primeros kilómetros se atraviesan pequeños núcleos como San Lorenzo y Cova, mientras la carretera va abandonando progresivamente los sectores más poblados para introducirse en un paisaje cada vez más montañoso.
    La altimetría presenta en esta primera parte una sucesión de porcentajes generalmente comprendidos entre el 2% y el 6%. No existe todavía una rampa que pueda considerarse exigente, pero sí una acumulación constante de desnivel que empieza a hacerse notar en las piernas.
    Uno de los atractivos del recorrido es precisamente esa variedad. Frente a puertos de pendiente completamente uniforme, aquí encontramos kilómetros relativamente cómodos seguidos de otros donde la inclinación aumenta de forma apreciable.
    A medida que nos acercamos a los 900-1.000 metros de altitud, el paisaje comienza a adquirir un carácter más rural y montañoso. Los núcleos habitados quedan progresivamente atrás y las masas forestales adquieren mayor protagonismo. Cogemos el desvío a la izquierda por la OU-0704.
    Aparecen algunos de los cambios de pendiente más interesantes del perfil. La media se estabiliza durante 3 kilómetros entre el 6-7%, por una vía ancha hasta el desvío a Cabeza de Manzaneda.
    La llegada a cotas superiores a los 1.200 metros marca una transformación evidente del paisaje. La montaña comienza a imponerse sobre las zonas habitadas y las panorámicas se hacen cada vez más amplias, especialmente en los sectores donde la vegetación, la poca viva, permite abrir la vista.
    En esta zona merece una mención especial la huella de los incendios que han afectado al entorno de Manzaneda. Desde determinados puntos del ascenso pueden observarse áreas donde el paisaje conserva las consecuencias del fuego, un contraste especialmente llamativo frente a las zonas forestales que todavía permanecen intactas. El incendio de 2025 llegó hasta las proximidades de la estación de montaña.
    La altimetría muestra después una sucesión de kilómetros que vuelven a situarse aproximadamente entre el 5% y el 7%. Son cifras que por sí solas no parecen extremas, pero adquieren otra dimensión después de haber acumulado ya una importante cantidad de kilómetros y desnivel.
    Conforme nos aproximamos a la Estación de Montaña de Manzaneda, la carretera gana altura de manera más evidente. La vegetación y el relieve permiten apreciar que nos encontramos ya en un auténtico ambiente de alta montaña gallega.
    La zona de la estación constituye uno de los puntos más reconocibles de toda la ascensión. Además de su importancia turística y deportiva, sirve como referencia para comprender que todavía debemos continuar hacia las cotas superiores si nuestro objetivo es alcanzar Cabeza de Manzaneda.
    Los kilómetros finales son los más importantes desde el punto de vista físico. La pendiente vuelve a situarse en valores cercanos al 7% y aparecen algunos tramos todavía más exigentes, por lo que después de veinte kilómetros de ascensión el esfuerzo comienza a hacerse especialmente visible.
    En la aproximación a la cima se superan sucesivamente las cotas de 1.500 y 1.600 metros. El paisaje se abre definitivamente y desaparece buena parte de la sensación de estar recorriendo una carretera entre pueblos, convirtiéndose el entorno en una montaña mucho más despejada.
    La llegada a los 1.716 metros de Cabeza de Manzaneda pone punto final a una ascensión de unos 20,4 kilómetros y cerca de 1.000 metros de desnivel positivo. Es una subida que recompensa especialmente la capacidad de dosificar, porque su verdadera dificultad reside en la distancia, la acumulación de desnivel y la dureza creciente de la parte final.
    Cabeza de Manzaneda termina siendo, por tanto, una ascensión muy completa: larga, cambiante y con una notable dimensión paisajística. La combinación de los pueblos y valles de la primera mitad, la montaña cada vez más abierta de la segunda y las huellas visibles de los incendios que han afectado a la zona convierten el recorrido en uno de los ascensos más interesantes del interior de Galicia.

    FONTE DA COVA/ FUENTE DE LA CUEVA (por Sobradelo)

    Fonte da Cova es una de las grandes ascensiones de la montaña ourensana y uno de los puertos más exigentes y singulares de Galicia. La subida parte de Sobradelo, en el valle del río Sil, y se interna progresivamente en la montaña hasta alcanzar los 1.849 metros de altitud, después de más de 27 kilómetros de ascensión. El recorrido atraviesa un territorio profundamente marcado por la actividad minera, las grandes canteras de pizarra y un paisaje que cambia radicalmente a medida que se gana altura.
    Su enorme longitud, el desnivel acumulado y, sobre todo, la dureza concentrada en la parte final hacen de Fonte da Cova una ascensión de gran entidad ciclista. No es un puerto que impresione únicamente por sus porcentajes: su verdadera dificultad reside en tener que afrontar durante mucho tiempo una carretera que parece no terminar nunca, con una segunda mitad mucho más exigente que obliga a reservar fuerzas desde los primeros kilómetros. Asimismo, es una de esas ascensiones que han adquirido especial relevancia entre los aficionados al cicloturismo de montaña por sus dimensiones y por la espectacularidad de su entorno. El acceso hacia la estación invernal y el puerto permite alcanzar una de las cotas asfaltadas más elevadas de Galicia y enlazar con otros recorridos de la comarca de Valdeorras y la vertiente leonesa. 
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    📊Altimetría y características



  • Vertiente: Sur, desde Sobradelo.
  • Longitud: 27,35 km.
  • Desnivel positivo: 1.508 m.
  • Altitud de salida: aproximadamente 341 m.
  • Altitud de llegada: 1.849 m.
  • Pendiente media: 5,51%.
  • Pendiente máxima: 13%.
  • Coeficiente APM: 297.
  • Carretera principal amplia y bien señalizada en buena parte del recorrido (OU-122).
  • Tráfico generalmente escaso para tratarse de una ascensión de estas dimensiones.
  • Último tramo de carretera en peores condiciones y transitable con precaución.
  • Ascensión muy larga y de dificultad elevada.
  • Paisaje dominado por el valle del Sil, las montañas de Valdeorras y las explotaciones de pizarra.
  • Parte final de alta montaña, con estación invernal y vistas hacia Peña Trevinca.

  • Fuente: altimetrias.net

    La ascensión comienza en Sobradelo, localidad situada junto al río Sil, desde donde abandonamos la N-536 para tomar la carretera que se dirige hacia Casaio y la montaña. Desde el principio queda claro que estamos ante una subida de dimensiones excepcionales, ya que todavía faltan más de 27 kilómetros para alcanzar la cota máxima.
    Los primeros kilómetros transcurren por el valle del río Casaio y presentan una pendiente bastante regular. El perfil se mueve inicialmente alrededor del 4-6%, suficiente para exigir trabajo, pero sin ofrecer todavía las rampas que encontraremos mucho más arriba.
    Durante este primer sector atravesamos diferentes pequeños núcleos de población, como Viladequinta o O Trigal, que sirven como referencia dentro de una ascensión en la que la carretera va ganando altura de forma casi permanente. El paisaje continúa teniendo un carácter rural, con laderas ocupadas por vegetación y pequeñas zonas cultivadas.
    Entre los kilómetros iniciales aparecen varios sectores cercanos al 5%, alternados con otros algo más suaves. Esta irregularidad permite encontrar un ritmo cómodo, pero también puede llevar a gastar más fuerzas de las necesarias si se afronta la primera parte con demasiada intensidad.
    La presencia de las explotaciones de pizarra empieza a hacerse cada vez más evidente. Las canteras forman parte inseparable del paisaje de Valdeorras y explican buena parte de la actividad económica y de las transformaciones que ha experimentado esta montaña.
    Alrededor de los kilómetros 7 y 8 encontramos uno de los sectores más interesantes de la primera mitad, con pendientes que vuelven a situarse en torno al 6%. La carretera sigue siendo amplia y permite pedalear con comodidad, pero la acumulación de kilómetros comienza ya a tener importancia.
    El perfil continúa ascendiendo hacia cotas próximas a los 800 y 900 metros. En este tramo la sensación es todavía la de una carretera de montaña relativamente accesible, algo que puede resultar engañoso si no se tiene presente que aún queda más de la mitad de la ascensión.
    Entre los kilómetros 11 y 13 aparece una zona especialmente favorable. El perfil llega incluso a registrar pequeños descensos y pendientes muy suaves, una circunstancia que permite recuperar fuerzas y que rompe temporalmente la continuidad de la ascensión.
    Este sector de descanso resulta fundamental desde el punto de vista estratégico. Después de haber acumulado ya muchos kilómetros de esfuerzo, disponer de varios kilómetros con pendientes bajas permite afrontar con mayores garantías el auténtico núcleo de dureza que aparece posteriormente.
    Superada esta zona más cómoda, la carretera vuelve a ganar altura progresivamente. Los porcentajes regresan al entorno del 5-7% y comenzamos a acercarnos a los 1.000 metros de altitud, mientras el paisaje se vuelve cada vez más montañoso y abierto.
    Alrededor del kilómetro 16, dejando a la derecha el desvío a Casaio, la pendiente se mantiene aproximadamente en torno al 6%, pero la sensación física ya es muy diferente a la del comienzo. El esfuerzo acumulado empieza a pesar y cualquier incremento del porcentaje tiene ahora una repercusión mucho mayor sobre las piernas.
    A partir de este punto se inicia la verdadera segunda parte de Fonte da Cova. El perfil se hace progresivamente más exigente y aparecen sucesivamente kilómetros próximos al 6,5%, 7% y 8%, anunciando la dureza que se concentra en las inmediaciones de la estación invernal.
    La carretera gana altura con decisión mientras las vistas se amplían. Las masas boscosas van perdiendo protagonismo y aparecen espacios cada vez más abiertos, desde los que se domina una enorme extensión de las montañas de Valdeorras.
    Entre los kilómetros 19 y 21 se produce un claro cambio de carácter. La pendiente se sitúa ya alrededor del 7-9% y comienzan a aparecer rampas de dos dígitos, con máximos puntuales del 11, 12 e incluso 13%, cifras muy importantes teniendo en cuenta la distancia que ya llevamos acumulada.
    La proximidad de la Estación Invernal de Fonte da Cova anuncia que estamos entrando en el sector decisivo. La altitud supera ya claramente los 1.500 metros y el paisaje cambia de manera evidente, adquiriendo un aspecto mucho más desnudo y propio de la alta montaña.
    Los últimos kilómetros son especialmente exigentes. El perfil muestra sucesivos sectores alrededor del 8-10%, con rampas puntuales que alcanzan el 10%, el 11% e incluso el 13%. Aquí ya no basta con mantener una buena cadencia: resulta imprescindible haber administrado correctamente las fuerzas desde Sobradelo.
    Superada la zona de mayor actividad de la estación, el trazado continúa hacia la parte culminante con pendientes todavía importantes. El paisaje, ya plenamente montañoso, permite contemplar algunas de las grandes cumbres de este sector del Macizo Galaico, con la Peña Trevinca como una de las referencias visuales más destacadas.
     Los últimos metros conducen finalmente hasta la cota de 1.849 metros, después de 27,35 kilómetros y 1.508 metros de desnivel acumulado. La llegada a Fonte da Cova supone mucho más que coronar un puerto: es la culminación de una de las ascensiones asfaltadas más largas y exigentes de Galicia, una auténtica prueba de resistencia en la que la belleza del paisaje, la dureza de la parte final y la singularidad del territorio minero convierten el recorrido en una experiencia ciclista de primer nivel.

    PUERTO DEL MORREDERO-PUERTO DE PORTILLINOS-LLANO DE LAS OVEJAS (por Ponferrada)

    El ascenso al Llano de las Ovejas constituye una de las mayores ascensiones de toda la Cordillera Cantábrica y, probablemente, la carretera asfaltada más exigente de la provincia de León. Partiendo desde Ponferrada, la ruta remonta el valle del Boeza hasta adentrarse en los Montes Aquilianos y culminar en el altiplano del Llano de las Ovejas, a 1.958 metros de altitud, tras superar previamente el Puerto de El Morredero y el collado de los Portillinos.
    Se trata de una subida de enorme personalidad, donde la dureza se reparte en varios escenarios completamente diferentes: un largo acercamiento inicial, las durísimas rampas hacia San Cristóbal de Valdueza, la ascensión al Morredero, el impresionante muro de los Portillinos y el interminable altiplano final. Son más de treinta kilómetros de ascensión que convierten esta vertiente en uno de los grandes retos del ciclismo de montaña español. Asimismo, El Morredero ha aparecido en varias ocasiones como final de etapa de la Vuelta a España, convirtiéndose en uno de los ascensos históricos del ciclismo leonés. Sin embargo, continuar más allá del puerto hasta el Llano de las Ovejas multiplica la dureza y transforma una gran subida en una auténtica etapa de alta montaña. Asimismo, el conjunto Morredero-Portillinos-Llano de las Ovejas es muy apreciado por los cicloturistas más experimentados gracias a su aislamiento, sus espectaculares paisajes y un coeficiente APM cercano a los grandes colosos europeos.
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    📊Altimetría y características



  • Vertiente: Norte (Ponferrada).
  • Longitud total: 32,7 km.
  • Desnivel positivo: 1.451 m.
  • Altitud de salida: 507 m.
  • Altitud de llegada: 1.958 m.
  • Pendiente media: 4,4%.
  • Pendientes máximas: 13%.
  • Coeficiente APM: 385.
  • Carretera generalmente en buen estado (LE-5228).
  • Sombras abundantes en buena parte de la subida.
  • Tráfico muy escaso.
  • Varias fuentes durante el recorrido.
  • Puerto de enorme fondo físico.


  • Fuente: altimetrias.net

    La ascensión comienza en Ponferrada, cruzando el río Boeza para dirigirse hacia el valle de Valdueza. Los primeros kilómetros son prácticamente un largo calentamiento, con pendientes inferiores al 2%. Asimismo, el firme presenta un estado aceptable durante la mayor parte del recorrido, aunque la LE-5228 muestra algunos tramos con socavones, irregularidades y asfalto deteriorado, especialmente en determinados sectores de montaña. Conviene extremar la atención tanto en el ascenso como, sobre todo, durante el descenso.
    Hasta alcanzar Barrios de Salas, la carretera avanza cómodamente entre pequeñas localidades bercianas, atravesando un paisaje dominado por viñedos, castaños y vegetación mediterránea propia del Bierzo. 

    En Villar de los Barrios comienza a cambiar el carácter de la ascensión. La pendiente aumenta de forma progresiva mientras la carretera abandona definitivamente el fondo del valle.

    Poco después aparece uno de los primeros sectores importantes, con varios kilómetros entre el 4% y el 5% que sirven como antesala de las grandes dificultades de la jornada.
    El paso por la iglesia de Barrios marca el final de la tranquilidad inicial. A partir de aquí, las piernas comienzan a notar una subida mucho más seria y continua.

    Los siguientes kilómetros presentan una sucesión de rampas crecientes hasta alcanzar San Cristóbal de Valdueza, uno de los pueblos con mayor tradición montañera del Bierzo.
    Antes de llegar a la localidad, aparece un exigente tramo cercano al 13%, uno de los puntos donde la ascensión muestra por primera vez toda su dureza.
    San Cristóbal de Valdueza supone un excelente lugar para recuperar el aliento. La presencia de una fuente y el extraordinario patrimonio tradicional del pueblo invitan a una breve pausa antes de afrontar el siguiente desafío.
    Nada más abandonar la localidad, comienza un nuevo muro, con varios centenares de metros que rondan el 14%. Este sector obliga a gestionar cuidadosamente el esfuerzo, pues la cima aún queda muy lejana.
    Superado este muro inicial, la carretera continúa alternando kilómetros muy exigentes, con numerosos tramos entre el 10% y el 13%, sin apenas descanso. Es probablemente la sección más dura de toda la subida.

    Conforme se gana altura, el bosque va envolviendo la carretera, aunque el gran incendio de agosto de 2025 muestra, en parte, una montaña carbonizada, especialmente en su vertiente opuesta.
    Tras los kilómetros más explosivos, la pendiente se estabiliza alrededor del 7-8%. Aunque los porcentajes disminuyen ligeramente, el desnivel acumulado empieza a hacerse notar después de más de veinte kilómetros de ascensión.

    La carretera continúa remontando la ladera mediante curvas amplias que permiten contemplar continuamente el valle berciano a nuestra espalda, ofreciendo magníficas panorámicas conforme aumenta la altitud.

    En las proximidades de la estación de montaña aparece un breve respiro antes del último esfuerzo para alcanzar el Puerto de El Morredero. La vegetación comienza a escasear y el paisaje adquiere un marcado carácter de alta montaña.
    Durante estos kilómetros finales hacia El Morredero predominan pendientes sostenidas entre el 6% y el 8%, muy constantes, que terminan desgastando tras el enorme esfuerzo realizado desde San Cristóbal.
    El entorno se abre progresivamente y permite divisar buena parte de los Montes Aquilianos, mientras la carretera continúa ascendiendo hacia las instalaciones de la antigua estación de esquí.
    Finalmente, se corona el Puerto de El Morredero, situado en torno a los 1.735 metros de altitud. Para muchos ciclistas, aquí concluiría una ascensión extraordinaria, pero en realidad aún resta la parte más singular del recorrido.
    Sin apenas margen para recuperar, la carretera continúa hacia el Puerto de los Portillinos, donde reaparecen pendientes cercanas al 7% y el paisaje se vuelve completamente abierto, dominado por extensos pastizales de altura.
    Desde el collado de los Portillinos se disfruta de una de las panorámicas más espectaculares de toda la provincia de León. La sensación de aislamiento es absoluta y únicamente el viento rompe el silencio de la montaña.
    Superado el collado, llega una nueva sorpresa: una rampa cercana al 11% vuelve a exigir un esfuerzo considerable cuando ya se acumulan más de treinta kilómetros de ascensión.
    La carretera asciende ahora hacia el Llano de las Ovejas mediante largas rectas y suaves curvas, alternando pequeños repechos con ligeros descansos que nunca permiten recuperar completamente.
    La altitud cercana a los dos mil metros hace que el viento y las condiciones meteorológicas puedan modificar notablemente la dificultad del recorrido, incluso durante los meses estivales.
    La ausencia casi total de arbolado en la parte superior contrasta con los espesos bosques atravesados kilómetros atrás, ofreciendo un paisaje mucho más abierto y característico de la alta montaña leonesa.
    La tranquilidad del recorrido constituye otro de sus grandes atractivos. El tráfico suele ser muy escaso y permite disfrutar plenamente de una carretera que parece diseñada exclusivamente para el ciclismo y el acceso a la montaña.
    La llegada al Llano de las Ovejas, sin ninguna indicación, a 1.958 metros de altitud, pone el broche final a una de las ascensiones más impresionantes de España. Sus más de 32 kilómetros de subida, 1.451 metros de desnivel positivo y la combinación del Puerto de El Morredero, el Puerto de los Portillinos y el altiplano final convierten este recorrido en uno de los grandes gigantes del cicloturismo nacional.

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