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COL DU PARPAILLON (por La Condamine-Châtelard)

El Col du Parpaillon es una de las ascensiones más singulares de los Alpes franceses y uno de los grandes santuarios del ciclismo de montaña sobre pistas sin asfaltar. Situado entre los valles del Ubaye y del Durance, su recorrido conduce hasta el célebre túnel del Parpaillon, excavado a más de 2.600 metros de altitud y convertido en el punto culminante de una antigua carretera militar construida entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. Lo que hace especial al paso no es únicamente su desnivel o la altitud, sino el cambio radical de carácter que experimenta la carretera. Los primeros kilómetros permiten avanzar sobre asfalto, mientras que la parte superior se convierte en una verdadera aventura de montaña sobre una pista de piedras, muy irregular y con numerosos tramos donde la bicicleta exige concentración constante. El propio organismo turístico regional señala que la parte alta presenta un firme especialmente rocoso y difícil de recorrer, recomendando una bicicleta de montaña para afrontarla.
Es un puerto especialmente apreciado por el cicloturismo de aventura y por el gravel. La antigua carretera militar nunca llegó a asfaltarse en su totalidad, circunstancia que ha permitido conservar uno de los recorridos de alta montaña más espectaculares de los Alpes. La pista comunica históricamente el valle del Ubaye con el entorno de Crévoux y Embrun y forma parte de diferentes itinerarios de gravel de los Alpes franceses. El túnel constituye además uno de los grandes objetivos del recorrido. Tiene algo más de 500 metros de longitud y atraviesa la montaña a unos 2.640 metros, en un ambiente oscuro, húmedo y frío que contrasta enormemente con el paisaje abierto de la ascensión, aunque, desde 2024, está cerrado el túnel por desprendimientos.
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La ascensión comienza en La Condamine-Châtelard, alrededor de los 1.285 metros de altitud. Desde el principio, la carretera apunta hacia las montañas del Parpaillon y presenta una pendiente suficiente para dejar claro que los casi 1.400 metros de desnivel que tenemos por delante van a exigir un esfuerzo considerable. La altimetría adjunta plantea la ascensión desde La Condamine-Châtelard, partiendo aproximadamente de los 1.285 metros y alcanzando los 2.637 metros, con unos 1.350 metros de desnivel acumulado en alrededor de 18 kilómetros.


📊Altimetría y características


  • Vertiente: Sureste, desde La Condamine-Châtelard.
  • Longitud: aproximadamente 17,8 km.
  • Desnivel positivo: aproximadamente 1.350 m.
  • Altitud inicial: 1.285 m.
  • Altitud final: 2.637 m.
  • Pendiente media: alrededor del 7,8%.
  • Pendiente máxima: aproximadamente 10%.
  • Primeros kilómetros: carretera asfaltada.
  • Parte superior: pista de montaña sin asfaltar.
  • Firme de la pista: muy pedregoso e irregular.
  • Tramo final de auténtica alta montaña.
  • Túnel del Parpaillon: algo más de 500 m, actualmente cerrado.
  • Bicicleta recomendable: gravel robusta o MTB.
  • Tráfico: muy escaso en comparación con los grandes puertos asfaltados.
  • Fuente: cyclingcols

    Los primeros kilómetros, partiendo de La Condamine-Châtelard (D900-D19), discurren todavía por carretera asfaltada. Es la parte más convencional de la subida y permite concentrarse exclusivamente en el esfuerzo, antes de que el recorrido vaya adquiriendo progresivamente su carácter de alta montaña.
    Durante este sector inicial, una sucesión de kilómetros generalmente comprendidos entre el 7% y el 10%, con máximas entre el 10 y el 12%. No existen grandes descansos y la pendiente obliga a encontrar desde el principio un ritmo sostenible. Es un inicio exigente.
    El paso por La Condamine-Châtelard y posteriormente por el entorno de Sainte-Anne-la-Condamine permite atravesar los últimos espacios habitados antes de introducirnos definitivamente en la montaña. El paisaje comienza a ganar amplitud y la vegetación se hace progresivamente más escasa.
    La carretera mantiene una trazada bastante directa durante buena parte del ascenso, aunque las numerosas curvas permiten ir ganando altura sobre el valle. A nuestras espaldas queda progresivamente más abajo el territorio del Ubaye.
    Aproximadamente a los seis kilómetros aparece uno de los momentos fundamentales de la ascensión: el final del asfalto al llegar a la Chapelle de Sainte-Anne. En torno a los 1.860 metros comienza la pista que conduce hacia el túnel, por lo que el Parpaillon cambia completamente de naturaleza.
    A partir de este punto ya no basta con controlar el desarrollo y la pendiente. El estado del firme pasa a ser un factor decisivo, porque la pista presenta mucha piedra suelta, zonas rotas y una superficie muy irregular que obliga a escoger cuidadosamente la trazada.
    La presencia de tanta piedra hace que algunos sectores resulten bastante más lentos de lo que podría sugerir su porcentaje de inclinación. Una rampa del 7% sobre asfalto y otra de la misma pendiente sobre este tipo de pista son dos esfuerzos completamente diferentes.
    El ciclista debe prestar especial atención a las piedras de mayor tamaño y a las zonas donde la pista se encuentra más deteriorada. La parte superior es muy pedregosa y el estado del firme puede llegar a convertir la subida en una experiencia técnicamente exigente, especialmente con bicicleta de gravel, como fue nuestro caso.
    A aproximadamente 8 kilómetros para coronar, en una zona prácticamente llena, tenemos referencia visual de la cabaña de Grand Parpaillon, junto al puente por el cual tendremos que pasar para afrontar el duro sector final.
    Este tramo resulta especialmente espectacular. La pista serpentea por la montaña y permite observar cómo el recorrido que acabamos de realizar queda cada vez más abajo. Es una ruta particularmente inhóspita y salvaje.
    La pendiente es muy constante, con porcentajes estables sobre el 8-10% y una pista cada vez en peor estado. La altimetría no muestra grandes descansos en la parte alta, de manera que el cansancio acumulado sobre el terreno pedregoso se suma a una inclinación que sigue rondando habitualmente valores elevados.
    Conforme nos acercamos a la cima, la vegetación queda reducida a pequeños espacios de pastizal y la montaña adquiere un aspecto mucho más desnudo. La pista aparece encajada entre las laderas y las grandes paredes del macizo del Parpaillon.
    Los últimos kilómetros son, sin duda, los más exigentes desde el punto de vista físico y técnico, tanto por la constante pendiente, por el deterioro del recorrido y porque llegamos a ellos después de muchos kilómetros de esfuerzo y sobre un firme que obliga a mantener constantemente la atención.
    La aproximación al túnel es uno de los momentos más impresionantes de la subida. El camino parece dirigirse hacia un enorme anfiteatro de montaña con innumerables curvas de herradura que remontan la ladera de la montaña.
    El Túnel del Parpaillon, visible a pocos metros de coronar, de algo más de 500 metros, constituye el auténtico símbolo de esta ascensión. Su interior es oscuro, húmedo y puede presentar barro, agua e incluso hielo, por lo que llevar iluminación resulta imprescindible cuando las condiciones permiten atravesarlo.
    Alcanzar la entrada del túnel supone prácticamente coronar la carretera del Parpaillon. Aunque el collado geográfico se encuentra a mayor altitud, el túnel es el punto culminante del itinerario ciclable habitual, situado en torno a los 2.637-2.645 metros.
    El contraste entre el inicio asfaltado y esta llegada sobre una pista llena de piedras es precisamente uno de los grandes atractivos de la escalada. Se comienza como una ascensión alpina convencional y se termina afrontando una auténtica pista de alta montaña, donde la bicicleta y el terreno adquieren tanta importancia como la pendiente.
    La llegada al túnel recompensa un esfuerzo considerable: unos 1.350 metros de desnivel, casi 18 kilómetros de ascensión y una parte final donde la dificultad del firme multiplica la exigencia física. El Parpaillon no es simplemente un puerto de montaña, sino una experiencia ciclista diferente, marcada por el silencio, la altitud y una pista que conserva prácticamente intacto el carácter de la antigua carretera militar.
    Conviene tener presente que la situación actual del túnel y de la pista puede no coincidir con la de la salida realizada. En agosto de 2025, las fuentes de información de carreteras alpinas indicaban el acceso cerrado, mientras que la Route des Grandes Alpes advertía del cierre del túnel por desprendimientos y desaconsejaba determinadas alternativas por la cresta.

    ASCENSO A LA HIGA DE MONREAL/ ELOMENDI (por Monreal)

    La Higa de Monreal —Elomendi en euskera— es una de las montañas más icónicas del centro de Navarra. Su silueta piramidal domina la llanura prepirenaica y alberga tanto el santuario de Santa Bárbara como las antenas de comunicaciones situadas en su cima. El ascenso es corto, explosivo y extremadamente exigente, con una carretera estrecha y un trazado sin descanso que se agarra a la montaña desde los primeros metros. La sensación es siempre la de estar escalando una mole aislada, con vistas 360º a medida que se gana altura.
    La Higa no aparece en la Vuelta a España ni en pruebas profesionales, pero es uno de los santuarios del ciclismo navarro. Para bicicleta de carretera es impracticable hoy en día, pero es comparable en dureza a puertos de referencia como La Bola del Mundo o el Angliru en versión concentrada. Tan solo es posible el ascenso con bicicleta de montaña o gravel.
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    Altimetría y características 

    Datos fundamentales:

    • Altitud cima: 1.282 m

    • Distancia: 8,0 km

    • Desnivel: 755 m

    • Pendiente media: 9,50 %

    • Coeficiente APM: 248 → puerto muy duro, de categoría Especial

    Características destacadas

    • Primer km asequible… y luego infierno continuo.

    • 5 km centrales al 11,2 % de media.

    • Numerosas rampas del 14–17 %, especialmente entre los km 3 y 6.

    • Carretera estrecha con 2 kms de asfalto con firme rugoso. El resto pista cuarteada y en mal estado, especialmente en curvas hasta la cima.

    • Vistas espectaculares desde el km 5 en adelante.

    • Ascenso completamente expuesto al viento.

    Fuente: altimetrias.net
    El ascenso arranca en Monreal, con un ambiente rural tranquilo y un primer kilómetro al 6 % que permite ajustar el ritmo antes de afrontar uno de los muros más severos de Navarra.
    La carretera se estrecha pronto y el paisaje se vuelve más solitario, con pendientes del 8–9 % que hacen prever la dureza que espera más arriba.
    El breve respiro del km 2–3 es el último punto para estabilizar pulsaciones, porque tras la siguiente curva comienza la parte decisiva del ascenso.
    Al entrar en el km 3–4, la pendiente se dispara por encima del 12 %, con rampas del 14–15 % que marcan el inicio del tramo legendario de la Higa. Desaparece el asfalto y se cuartea la pista. A partir de este momento solo es posible ascender con bicicleta de gravel o btt.
    Desde el km 4 hasta prácticamente la cima, el porcentaje rara vez baja del 12 %, generando la sensación de afrontar un verdadero muro continuo.
    El firme, en general mal estado, se vuelve rugoso y con socavones y hace aún más difícil mantener la cadencia en rampas que superan puntualmente el 17 %.
    A partir de los 1.000 m de altitud, el paisaje se abre y permite contemplar la Cuenca de Pamplona en panorámicas espectaculares. Especialmente complicada son las curvas, con muchos regueros de tierra.
    El tramo km 6–7 se mantiene duro pero algo más estable, aunque el viento suele estar muy presente al estar completamente expuesto.
    El último kilómetro es un test final para las piernas: porcentajes constantes del 11–12 % y rampas puntuales del 15 % justo antes del santuario de Santa Bárbara.
    La llegada a la cima, junto a las antenas y el vértice geodésico, ofrece una de las vistas más amplias de Navarra; recompensa perfecta tras un ascenso brutal. En nuestro caso, la niebla apenas nos dejó ver más allá.

    PASSO DI VIZZE-PFITSCHERJOCH/ LAGO DE SCHLEGEIS STAUSSE (desde Vipiteno)

    El Passo di Vizze (Pfitscher Joch) es una de las ascensiones más salvajes y escénicas del Tirol del Sur, conectando el valle de Vizze (Pfitschertal) con la vertiente austriaca del Zillertal. La subida, que parte de Vipiteno (948 m), remonta durante unos 30 kilómetros un valle glaciar cerrado y verde, con un desnivel acumulado de más de 1.500 metros hasta alcanzar los 2.248 metros del collado, justo en la frontera italo-austriaca.
    Durante gran parte del trazado se alternan el asfalto rural, tramos de pista compacta de tierra y grava y una parte final muy exigente en camino de montaña, que obliga a usar bicicleta de gravel o MTB. Es una ascensión que combina dureza física, aislamiento y un entorno alpino impresionante, con el Hochfeiler (3.510 m) dominando el horizonte.
    Desde el Collado de Vizze, la vertiente austríaca desciende de forma abrupta hacia el valle de Zamsergrund, en un tramo reservado solo para bicicletas de montaña o gravel con buena técnica. La pista, estrecha y pedregosa, serpentea entre neveros y torrentes hasta alcanzar el lago de Schlegeis Stausee, una impresionante presa alpina encajada entre paredes de granito. 
    Este descenso, de fuerte pendiente y firme irregular, ofrece una experiencia tan vertiginosa como espectacular, con vistas constantes a los glaciares del Zillertal y la sensación de adentrarse en un paisaje de alta montaña donde la naturaleza domina por completo.

    📈 Altimetría y características

    • Punto de inicio: Vipiteno (948 m)

    • Punto final: Passo di Vizze / Pfitscher Joch (2.248 m)

    • Desnivel total: +1.300 m

    • Distancia: 30 km

    • Pendiente media: 4,3 %

    • Máxima: 12 %

    • Superficie: asfalto hasta Stein/ Sasso km 22, luego 9 kms de pista forestal compacta hasta el Refugio Vizze (1.750 m), y finalmente sendero pedregoso en los últimos 3 km. Rodamos por la SP508.

    • Dificultad: Alta, especialmente por el tipo de firme y la pendiente final.

    • Paisaje: valle glaciar cerrado, prados alpinos, refugios tradicionales y cumbres del Zillertal.

    Partimos de las inmediaciones de Vipiteno (948 m), en el corazón del Alto Adige, con el casco histórico tirolés y el castillo Reifenstein a la vista. La carretera comienza suave y bien asfaltada.
    Los primeros 3 kms tienen una pendiente estable (5–6 %), entre granjas y pastos abiertos; la ruta sigue la Dossstraße, ganando altitud con curvas amplias. Pasamos por la localidad de Prati.
    El valle de Vizze se abre: el paisaje se transforma en un valle glaciar verde, con el río Vizze acompañando la ruta. Pedaleamos por una vía ancha y en perfecto estado.
    Desde la localidad de Prati, los porcentajes van aumentando progresivamente hasta la localidad de Avenes, situada en el km.7,5.
    Este sector es la zona asfaltada más dura, con varios km entre el km 6 y 8 con una media del 9 y 10%. El trazado se basa en una larga recta y un túnel iluminado.
    El km 6-7 es el más exigente de la zona asfaltada, con un km sobre el 10% y donde pasamos por generosas curvas de herradura.
    Pasado el km 7 la pendiente va disminuyendo, situada entre el 5-6%. Rodamos por una zona boscosa remontando el valle, con altos picos rocosos a lado y lado del ascenso.
    Los próximos 11 kms son mucho más suaves, Entramos en una zona de altiplano donde frecuentan los falsos llanos entre el 0-2%.
    En este largo tramo pasamos por un ancho valle por las poblaciones de Novale y Saletto, en una zona suave para el pedaleo y sin apenas tráfico.
    Pasado el km 13 dejamos el desvío a diversos núcleos de población dispersas en el valle, como Caminata o Riva.
    En el km 17-19 pasamos por las localidades de Piazza y San Giacomo, donde los porcentajes tienen todavía un cómodo 1-2%.
    A partir de esta segunda localidad la pista se torna muy estrecha, apenas la anchura de un coche, pero continua en perfecto estado.
    La vía serpentea hasta llegar a la pequeña localidad de Sasso. Donde los porcentajes ya irán aumentando, consolidándose en el 6-7%.
    Después de una dura y corta rampa al 12%, vemos la indicación de los últimos 9 kms antes de coronar el paso, ya rodando por una pista forestal un buen estado.
    Entramos, hasta coronar, en una zona salvaje, rodeados de Bosques de abetos; zona muy tranquila y apenas transitada. Los kilómetros se encadenan con rampas entre 6 y 8 %.
    En estos primeros kms sin asfalto, del km 22 al 24 aproximadamente, la pista es ancha y se rueda, todo y la dureza, con bastante soltura. 
    Después de enlazar varias curvas de herradura y dos zonas de estacionamiento llegamos al km 24, donde está prohibida la circulación a vehículos a motor.
    La panorámica no puede ser más espectacular. La pista se abre y ofrece vistas amplias del Hochfeiler y el glaciar de Schlegeis.
    A una altura de 1.750, después de una generosa horquilla, dejamos a la derecha el desvío al Refugio Vizze, punto de descanso natural; desde aquí, el trazado se vuelve más rudo y pedregoso.
    Rodando por la ladera izquierda, dejamos a la derecha el impresionante desfiladero enlazando varias curvas de herradura con porcentajes entre el 8 y el 10%.
    Una vez superada la cifra de los 2000 metros, la vegetación desaparece y domina el paisaje alpino de roca y pasto bajo, dándole al ascenso un final digno de alta montaña.
    En los últimos 3 km se encadenan duras rampas del 10–12 % con firme irregular; la sensación de altura y soledad es absoluta.
    Finalmente, coronamos el passo de Vizze a una altura de 2.248 m: frontera natural entre Italia y Austria, con vistas hacia el Zillertal impresionantes. Asimismo, a pocos metros del collado, se encuentra el Refugio Pfitscherjochhaus, que ofrece hospedaje, comida tirolesa y una vista de postal hacia el Zillertal.
    Una vez hayamos coronado, el descenso desde el Passo di Vizze comienza de forma abrupta, con una pista estrecha y repleta de piedras sueltas que obliga a extremar la precaución. Las primeras curvas ya muestran la magnitud del valle austríaco y la pared del glaciar Schlegeiskees al fondo.
    A medida que se pierde altura, el camino se adentra en un terreno más salvaje, con torrentes que cruzan la pista y tramos erosionados por el agua. La bicicleta rebota sobre el firme roto mientras el rumor del deshielo acompaña cada giro.
    En torno a los 1.800 metros de altitud, la vegetación reaparece lentamente y el descenso se suaviza. Los prados alpinos y los refugios de madera anuncian la proximidad del Zillertal, aunque el firme sigue siendo irregular y exigente.
    Finalmente, tras unos kms de vértigo, surge ante el ciclista el lago de Schlegeis Stausee, de aguas turquesa y rodeado de picos nevados. El contraste entre la dureza del camino y la calma del embalse convierte este punto en un final majestuoso y profundamente alpino.

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