FONTE DA CAVA/ FUENTE DE LA CUEVA (por Sobradelo)

Fonte da Cova es una de las grandes ascensiones de la montaña ourensana y uno de los puertos más exigentes y singulares de Galicia. La subida parte de Sobradelo, en el valle del río Sil, y se interna progresivamente en la montaña hasta alcanzar los 1.849 metros de altitud, después de más de 27 kilómetros de ascensión. El recorrido atraviesa un territorio profundamente marcado por la actividad minera, las grandes canteras de pizarra y un paisaje que cambia radicalmente a medida que se gana altura.
Su enorme longitud, el desnivel acumulado y, sobre todo, la dureza concentrada en la parte final hacen de Fonte da Cova una ascensión de gran entidad ciclista. No es un puerto que impresione únicamente por sus porcentajes: su verdadera dificultad reside en tener que afrontar durante mucho tiempo una carretera que parece no terminar nunca, con una segunda mitad mucho más exigente que obliga a reservar fuerzas desde los primeros kilómetros. Asimismo, es una de esas ascensiones que han adquirido especial relevancia entre los aficionados al cicloturismo de montaña por sus dimensiones y por la espectacularidad de su entorno. El acceso hacia la estación invernal y el puerto permite alcanzar una de las cotas asfaltadas más elevadas de Galicia y enlazar con otros recorridos de la comarca de Valdeorras y la vertiente leonesa. 
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📊Altimetría y características



  • Vertiente: Sur, desde Sobradelo.
  • Longitud: 27,35 km.
  • Desnivel positivo: 1.508 m.
  • Altitud de salida: aproximadamente 341 m.
  • Altitud de llegada: 1.849 m.
  • Pendiente media: 5,51%.
  • Pendiente máxima: 13%.
  • Coeficiente APM: 297.
  • Carretera principal amplia y bien señalizada en buena parte del recorrido (OU-122).
  • Tráfico generalmente escaso para tratarse de una ascensión de estas dimensiones.
  • Último tramo de carretera en peores condiciones y transitable con precaución.
  • Ascensión muy larga y de dificultad elevada.
  • Paisaje dominado por el valle del Sil, las montañas de Valdeorras y las explotaciones de pizarra.
  • Parte final de alta montaña, con estación invernal y vistas hacia Peña Trevinca.

  • Fuente: altimetrias.net

    La ascensión comienza en Sobradelo, localidad situada junto al río Sil, desde donde abandonamos la N-536 para tomar la carretera que se dirige hacia Casaio y la montaña. Desde el principio queda claro que estamos ante una subida de dimensiones excepcionales, ya que todavía faltan más de 27 kilómetros para alcanzar la cota máxima.
    Los primeros kilómetros transcurren por el valle del río Casaio y presentan una pendiente bastante regular. El perfil se mueve inicialmente alrededor del 4-6%, suficiente para exigir trabajo, pero sin ofrecer todavía las rampas que encontraremos mucho más arriba.
    Durante este primer sector atravesamos diferentes pequeños núcleos de población, como Viladequinta o O Trigal, que sirven como referencia dentro de una ascensión en la que la carretera va ganando altura de forma casi permanente. El paisaje continúa teniendo un carácter rural, con laderas ocupadas por vegetación y pequeñas zonas cultivadas.
    Entre los kilómetros iniciales aparecen varios sectores cercanos al 5%, alternados con otros algo más suaves. Esta irregularidad permite encontrar un ritmo cómodo, pero también puede llevar a gastar más fuerzas de las necesarias si se afronta la primera parte con demasiada intensidad.
    La presencia de las explotaciones de pizarra empieza a hacerse cada vez más evidente. Las canteras forman parte inseparable del paisaje de Valdeorras y explican buena parte de la actividad económica y de las transformaciones que ha experimentado esta montaña.
    Alrededor de los kilómetros 7 y 8 encontramos uno de los sectores más interesantes de la primera mitad, con pendientes que vuelven a situarse en torno al 6%. La carretera sigue siendo amplia y permite pedalear con comodidad, pero la acumulación de kilómetros comienza ya a tener importancia.
    El perfil continúa ascendiendo hacia cotas próximas a los 800 y 900 metros. En este tramo la sensación es todavía la de una carretera de montaña relativamente accesible, algo que puede resultar engañoso si no se tiene presente que aún queda más de la mitad de la ascensión.
    Entre los kilómetros 11 y 13 aparece una zona especialmente favorable. El perfil llega incluso a registrar pequeños descensos y pendientes muy suaves, una circunstancia que permite recuperar fuerzas y que rompe temporalmente la continuidad de la ascensión.
    Este sector de descanso resulta fundamental desde el punto de vista estratégico. Después de haber acumulado ya muchos kilómetros de esfuerzo, disponer de varios kilómetros con pendientes bajas permite afrontar con mayores garantías el auténtico núcleo de dureza que aparece posteriormente.
    Superada esta zona más cómoda, la carretera vuelve a ganar altura progresivamente. Los porcentajes regresan al entorno del 5-7% y comenzamos a acercarnos a los 1.000 metros de altitud, mientras el paisaje se vuelve cada vez más montañoso y abierto.
    Alrededor del kilómetro 16, dejando a la derecha el desvío a Casaio, la pendiente se mantiene aproximadamente en torno al 6%, pero la sensación física ya es muy diferente a la del comienzo. El esfuerzo acumulado empieza a pesar y cualquier incremento del porcentaje tiene ahora una repercusión mucho mayor sobre las piernas.
    A partir de este punto se inicia la verdadera segunda parte de Fonte da Cova. El perfil se hace progresivamente más exigente y aparecen sucesivamente kilómetros próximos al 6,5%, 7% y 8%, anunciando la dureza que se concentra en las inmediaciones de la estación invernal.
    La carretera gana altura con decisión mientras las vistas se amplían. Las masas boscosas van perdiendo protagonismo y aparecen espacios cada vez más abiertos, desde los que se domina una enorme extensión de las montañas de Valdeorras.
    Entre los kilómetros 19 y 21 se produce un claro cambio de carácter. La pendiente se sitúa ya alrededor del 7-9% y comienzan a aparecer rampas de dos dígitos, con máximos puntuales del 11, 12 e incluso 13%, cifras muy importantes teniendo en cuenta la distancia que ya llevamos acumulada.
    La proximidad de la Estación Invernal de Fonte da Cova anuncia que estamos entrando en el sector decisivo. La altitud supera ya claramente los 1.500 metros y el paisaje cambia de manera evidente, adquiriendo un aspecto mucho más desnudo y propio de la alta montaña.
    Los últimos kilómetros son especialmente exigentes. El perfil muestra sucesivos sectores alrededor del 8-10%, con rampas puntuales que alcanzan el 10%, el 11% e incluso el 13%. Aquí ya no basta con mantener una buena cadencia: resulta imprescindible haber administrado correctamente las fuerzas desde Sobradelo.
    Superada la zona de mayor actividad de la estación, el trazado continúa hacia la parte culminante con pendientes todavía importantes. El paisaje, ya plenamente montañoso, permite contemplar algunas de las grandes cumbres de este sector del Macizo Galaico, con la Peña Trevinca como una de las referencias visuales más destacadas.
     Los últimos metros conducen finalmente hasta la cota de 1.849 metros, después de 27,35 kilómetros y 1.508 metros de desnivel acumulado. La llegada a Fonte da Cova supone mucho más que coronar un puerto: es la culminación de una de las ascensiones asfaltadas más largas y exigentes de Galicia, una auténtica prueba de resistencia en la que la belleza del paisaje, la dureza de la parte final y la singularidad del territorio minero convierten el recorrido en una experiencia ciclista de primer nivel.

    PUERTO DEL MORREDERO-PUERTO DE PORTILLINOS-LLANO DE LAS OVEJAS (por Ponferrada)

    El ascenso al Llano de las Ovejas constituye una de las mayores ascensiones de toda la Cordillera Cantábrica y, probablemente, la carretera asfaltada más exigente de la provincia de León. Partiendo desde Ponferrada, la ruta remonta el valle del Boeza hasta adentrarse en los Montes Aquilianos y culminar en el altiplano del Llano de las Ovejas, a 1.958 metros de altitud, tras superar previamente el Puerto de El Morredero y el collado de los Portillinos.
    Se trata de una subida de enorme personalidad, donde la dureza se reparte en varios escenarios completamente diferentes: un largo acercamiento inicial, las durísimas rampas hacia San Cristóbal de Valdueza, la ascensión al Morredero, el impresionante muro de los Portillinos y el interminable altiplano final. Son más de treinta kilómetros de ascensión que convierten esta vertiente en uno de los grandes retos del ciclismo de montaña español. Asimismo, El Morredero ha aparecido en varias ocasiones como final de etapa de la Vuelta a España, convirtiéndose en uno de los ascensos históricos del ciclismo leonés. Sin embargo, continuar más allá del puerto hasta el Llano de las Ovejas multiplica la dureza y transforma una gran subida en una auténtica etapa de alta montaña. Asimismo, el conjunto Morredero-Portillinos-Llano de las Ovejas es muy apreciado por los cicloturistas más experimentados gracias a su aislamiento, sus espectaculares paisajes y un coeficiente APM cercano a los grandes colosos europeos.
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    📊Altimetría y características



  • Vertiente: Norte (Ponferrada).
  • Longitud total: 32,7 km.
  • Desnivel positivo: 1.451 m.
  • Altitud de salida: 507 m.
  • Altitud de llegada: 1.958 m.
  • Pendiente media: 4,4%.
  • Pendientes máximas: 13%.
  • Coeficiente APM: 385.
  • Carretera generalmente en buen estado (LE-5228).
  • Sombras abundantes en buena parte de la subida.
  • Tráfico muy escaso.
  • Varias fuentes durante el recorrido.
  • Puerto de enorme fondo físico.


  • Fuente: altimetrias.net

    La ascensión comienza en Ponferrada, cruzando el río Boeza para dirigirse hacia el valle de Valdueza. Los primeros kilómetros son prácticamente un largo calentamiento, con pendientes inferiores al 2%. Asimismo, el firme presenta un estado aceptable durante la mayor parte del recorrido, aunque la LE-5228 muestra algunos tramos con socavones, irregularidades y asfalto deteriorado, especialmente en determinados sectores de montaña. Conviene extremar la atención tanto en el ascenso como, sobre todo, durante el descenso.
    Hasta alcanzar Barrios de Salas, la carretera avanza cómodamente entre pequeñas localidades bercianas, atravesando un paisaje dominado por viñedos, castaños y vegetación mediterránea propia del Bierzo. 

    En Villar de los Barrios comienza a cambiar el carácter de la ascensión. La pendiente aumenta de forma progresiva mientras la carretera abandona definitivamente el fondo del valle.

    Poco después aparece uno de los primeros sectores importantes, con varios kilómetros entre el 4% y el 5% que sirven como antesala de las grandes dificultades de la jornada.
    El paso por la iglesia de Barrios marca el final de la tranquilidad inicial. A partir de aquí, las piernas comienzan a notar una subida mucho más seria y continua.

    Los siguientes kilómetros presentan una sucesión de rampas crecientes hasta alcanzar San Cristóbal de Valdueza, uno de los pueblos con mayor tradición montañera del Bierzo.
    Antes de llegar a la localidad, aparece un exigente tramo cercano al 13%, uno de los puntos donde la ascensión muestra por primera vez toda su dureza.
    San Cristóbal de Valdueza supone un excelente lugar para recuperar el aliento. La presencia de una fuente y el extraordinario patrimonio tradicional del pueblo invitan a una breve pausa antes de afrontar el siguiente desafío.
    Nada más abandonar la localidad, comienza un nuevo muro, con varios centenares de metros que rondan el 14%. Este sector obliga a gestionar cuidadosamente el esfuerzo, pues la cima aún queda muy lejana.
    Superado este muro inicial, la carretera continúa alternando kilómetros muy exigentes, con numerosos tramos entre el 10% y el 13%, sin apenas descanso. Es probablemente la sección más dura de toda la subida.

    Conforme se gana altura, el bosque va envolviendo la carretera, aunque el gran incendio de agosto de 2025 muestra, en parte, una montaña carbonizada, especialmente en su vertiente opuesta.
    Tras los kilómetros más explosivos, la pendiente se estabiliza alrededor del 7-8%. Aunque los porcentajes disminuyen ligeramente, el desnivel acumulado empieza a hacerse notar después de más de veinte kilómetros de ascensión.

    La carretera continúa remontando la ladera mediante curvas amplias que permiten contemplar continuamente el valle berciano a nuestra espalda, ofreciendo magníficas panorámicas conforme aumenta la altitud.

    En las proximidades de la estación de montaña aparece un breve respiro antes del último esfuerzo para alcanzar el Puerto de El Morredero. La vegetación comienza a escasear y el paisaje adquiere un marcado carácter de alta montaña.
    Durante estos kilómetros finales hacia El Morredero predominan pendientes sostenidas entre el 6% y el 8%, muy constantes, que terminan desgastando tras el enorme esfuerzo realizado desde San Cristóbal.
    El entorno se abre progresivamente y permite divisar buena parte de los Montes Aquilianos, mientras la carretera continúa ascendiendo hacia las instalaciones de la antigua estación de esquí.
    Finalmente, se corona el Puerto de El Morredero, situado en torno a los 1.735 metros de altitud. Para muchos ciclistas, aquí concluiría una ascensión extraordinaria, pero en realidad aún resta la parte más singular del recorrido.
    Sin apenas margen para recuperar, la carretera continúa hacia el Puerto de los Portillinos, donde reaparecen pendientes cercanas al 7% y el paisaje se vuelve completamente abierto, dominado por extensos pastizales de altura.
    Desde el collado de los Portillinos se disfruta de una de las panorámicas más espectaculares de toda la provincia de León. La sensación de aislamiento es absoluta y únicamente el viento rompe el silencio de la montaña.
    Superado el collado, llega una nueva sorpresa: una rampa cercana al 11% vuelve a exigir un esfuerzo considerable cuando ya se acumulan más de treinta kilómetros de ascensión.
    La carretera asciende ahora hacia el Llano de las Ovejas mediante largas rectas y suaves curvas, alternando pequeños repechos con ligeros descansos que nunca permiten recuperar completamente.
    La altitud cercana a los dos mil metros hace que el viento y las condiciones meteorológicas puedan modificar notablemente la dificultad del recorrido, incluso durante los meses estivales.
    La ausencia casi total de arbolado en la parte superior contrasta con los espesos bosques atravesados kilómetros atrás, ofreciendo un paisaje mucho más abierto y característico de la alta montaña leonesa.
    La tranquilidad del recorrido constituye otro de sus grandes atractivos. El tráfico suele ser muy escaso y permite disfrutar plenamente de una carretera que parece diseñada exclusivamente para el ciclismo y el acceso a la montaña.
    La llegada al Llano de las Ovejas, sin ninguna indicación, a 1.958 metros de altitud, pone el broche final a una de las ascensiones más impresionantes de España. Sus más de 32 kilómetros de subida, 1.451 metros de desnivel positivo y la combinación del Puerto de El Morredero, el Puerto de los Portillinos y el altiplano final convierten este recorrido en uno de los grandes gigantes del cicloturismo nacional.

    ASCENSO AL MONT AIGOUAL (por Meyrueis)

    El Mont Aigoual es una de las montañas más emblemáticas del Macizo Central francés y la cima asfaltada más elevada de las Cévennes. Su cumbre, situada a 1.567 metros de altitud, alberga el célebre observatorio meteorológico del Aigoual, una referencia científica e histórica que domina un inmenso panorama sobre el sur de Francia.
    La ascensión por la vertiente occidental constituye una de las formas más clásicas y equilibradas de alcanzar la cima. No presenta rampas extremas ni cambios bruscos de pendiente, pero combina longitud, regularidad y altitud en un entorno natural excepcional donde bosques, praderas y grandes horizontes montañosos acompañan constantemente al ciclista. Para los cicloturistas representa una ascensión de referencia. Sus carreteras tranquilas, la belleza de los bosques cevenoles y las extraordinarias vistas desde la cima convierten la subida en una experiencia muy completa, comparable a algunos de los grandes puertos panorámicos del Macizo Central. Asimismo, fue puerto de paso en el lejano 1987, siendo el primer ciclista en coronar, el italiano Silvano Contini.
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    📊Altimetría y características


  • Vertiente: Oeste.
  • Longitud: 30,9 km.
  • Desnivel positivo: 869 m.
  • Altitud de salida: 700 m.
  • Altitud de llegada: 1.569 m.
  • Pendiente media: 2,8%.
  • Pendiente máxima: 6%.
  • Carretera en buen estado.
  • Tráfico generalmente reducido.
  • Numerosas localidades durante la subida.
  • Puerto muy regular y constante.
  • Entorno boscoso de gran valor paisajístico.
  • Fuente: cyclingcols


    La ascensión comienza en las proximidades de Meyrueis (D986), una de las puertas naturales de acceso a las Cévennes. Desde los primeros kilómetros, la carretera inicia una ganancia de altura muy progresiva que marca el carácter general del puerto.
    El primer tercio de la subida discurre entre bosques y pequeñas zonas habitadas, con pendientes normalmente comprendidas entre el 3% y el 5%, ideales para encontrar rápidamente un ritmo cómodo, por una vía rugosa, pero en buen estado.
    El paso por la zona de Sérigas introduce al ciclista en un paisaje típicamente cevenol, donde los bosques dominan buena parte del horizonte y el tráfico suele ser prácticamente inexistente.
    Entre los kilómetros 4 y 8, la pendiente se estabiliza alrededor del 5%, formando uno de los sectores más homogéneos de toda la ascensión.
    La carretera atraviesa la cota de Bout de Côte, frontera entre el Departamento de Lozère y Gard, donde iniciamos un ligero descenso siguiendo las indicaciones.
    Cambia completamente el paisaje, adentrándonos en el ligero descenso de algo más de dos kilómetros por una zona de campos de trigo muy expuesto.
    El paso por el desvío a Lanuéjols constituye uno de los puntos de referencia más importantes del recorrido, ya que se inicia de nuevo el ascenso de forma tímida, con porcentajes sobre el 3-4%.
    Pocos metros después, coronamos el col de Montjardin (1016 m). Continuamos por varios kilómetros de llano, rodando por zona casi inhóspitas.
    Aproximadamente en el ecuador de la subida, la carretera supera los 1.000 metros de altitud, entrando progresivamente en un ambiente de auténtica media montaña.
    A aproximadamente 12 kilómetros para coronar, seguimos por la D986 e iniciamos el col de Serreyrède que nos dará acceso al Mont Aigoual. El entorno, progresivamente, se vuelve más abierto y aparecen amplias praderas y espacios de montaña característicos de las mesetas altas de las Cévennes.
    A partir del desvío Col de Faubel, la ascensión entra en su fase más sostenida. Aunque las pendientes siguen siendo moderadas, la carretera ya no concede tantos descansos como en la parte inicial.
    Los kilómetros comprendidos entre los sectores de la Serreyrède y Prat Peyrot constituyen el núcleo montañoso del puerto, con una sucesión de pendientes cercanas al 4%, 5% y 6%.
    A unos 6 kilómetros para coronar, coronamos el col de Serreyrède (1299 m). Seguimos por la D269 por una vía mucho más ancha y con un volumen de tráfico mucho más alto. 
    Tras varios kilómetros de escalada, pasamos por el desvío a las pistas de esquí de Prat-Peyrot, para, a continuación, continuar en dirección al col de Perjuret.
    El tramo final ofrece algunas de las mejores panorámicas de toda la ascensión. En días despejados es posible contemplar enormes extensiones del Macizo Central y del sur de Francia.
    Aunque en esta fase final la pendiente máxima apenas alcanza el 6%, la longitud total del puerto termina acumulando un desgaste considerable, especialmente si se afronta con viento o calor.
    Los últimos kilómetros mantienen una inclinación constante y muy llevadera, permitiendo disfrutar plenamente del entorno sin la presión de rampas extremas.
    Después de pasar dos enormes antenas, al fondo divisamos la silueta del observatorio meteorológico, que aparece progresivamente sobre la cumbre, convirtiéndose en una referencia visual permanente durante la aproximación final.
    La llegada al Mont Aigoual, a 1.567 metros de altitud, culmina una ascensión de enorme belleza paisajística. Más que un puerto de dureza explosiva, es una montaña para disfrutar durante muchos kilómetros, una subida que resume perfectamente el carácter de las Cévennes: regular, elegante, solitaria y extraordinariamente panorámica.

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