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ASCENSO A SOMMET BUCHER (por Château-Queyras)

Sommet Bucher es una de las ascensiones más singulares del Queyras francés. Situada en las inmediaciones de Château-Queyras, la subida alcanza aproximadamente los 2.254 metros de altitud y presenta un carácter muy diferente al de un puerto asfaltado convencional: es una ascensión de alta montaña sobre una pista de montaña, por lo que resulta especialmente apropiada para bicicleta gravel o BTT.
El ascenso es, además, uno de los pocos puntos elevados del Queyras accesibles en bicicleta, y su posición privilegiada le proporciona unas panorámicas excepcionales sobre las montañas y valles de la comarca. El recorrido oficial de gravel del territorio lo presenta precisamente como uno de los grandes miradores del Queyras. De hecho, el propio territorio del Queyras promociona actualmente esta ruta de gravel hacia Sommet Bucher. La pista comienza como una vía ciclable y posteriormente enlaza con caminos forestales de montaña, por lo que la elección de bicicleta y neumáticos adecuados resulta fundamental. 

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El ascenso tiene una longitud de 11 km, con unos 900 metros de desnivel positivo, una pendiente media del 8,18% y máximas del 12%. Es, por tanto, una ascensión corta en distancia, pero muy exigente en términos de pendiente y altitud.


📊Altimetría y características



  • Vertiente: desde Château-Queyras.
  • Longitud de la ascensión: 11 km.
  • Desnivel positivo: 900 m.
  • Altitud de salida: aproximadamente 1.354 m.
  • Altitud de llegada: 2.254 m.
  • Pendiente media: 8,18%.
  • Pendiente máxima: 12%.
  • Macizo: Queyras, Alpes franceses.
  • Firme mixto, con asfalto deteriorado y numerosos tramos de pista.
  • Ascensión especialmente apropiada para gravel o BTT.
  • Dificultad elevada por pendiente, firme y altitud.
  • Tráfico motorizado reducido fuera de los periodos de mayor afluencia.

  • Fuente: cols-cyclisme.com

    La ascensión comienza en Château-Queyras, junto al valle del Guil, a una altitud aproximada de 1.350 metros. Desde los primeros metros queda claro que la subida va a exigir mucho más que una ascensión convencional: el porcentaje se sitúa rápidamente alrededor del 7-8%.
    El primer kilómetro, en los alrededores de la localidad, es el más amable de toda la altimetría, con una media cercana al 2%, permitiendo adaptar el desarrollo y preparar las piernas antes de que aparezcan las verdaderas rampas.
    A partir del segundo kilómetro, al entrar de lleno en la pista forestal, la pendiente aumenta claramente. El perfil pasa a sectores del 7-9%, iniciándose una larga sucesión de kilómetros en los que prácticamente nunca desaparece la sensación de ascenso.
    Entre los kilómetros 2 y 4 se mantiene una pendiente muy constante, alrededor del 8-9%. Es un tramo en el que la regularidad resulta fundamental, especialmente porque el firme puede obligar a realizar un esfuerzo mayor del que indican únicamente los porcentajes. Varias curvas tienen el piso cimentado.
    El entorno comienza a adquirir progresivamente un carácter forestal. Destaca especialmente el paso por una magnífica zona de alerces, situada aproximadamente a 1.670 metros, árboles que recolonizaron antiguos pastos y prados de siega abandonados.
    El kilómetro 4 presenta un pequeño alivio en la altimetría, con una pendiente en torno al 6%. Es uno de los pocos momentos en los que podemos reducir ligeramente el esfuerzo antes de afrontar nuevamente porcentajes cercanos al 9%.
    El tramo comprendido entre los kilómetros 4 y 6 constituye uno de los sectores más duros de la subida. Especialmente significativo resulta el sexto kilómetro, que alcanza aproximadamente el 10,2% de media, el valor más elevado del perfil aportado.
    Superado el kilómetro 6, entramos en un largo sector de montaña en el que la pendiente permanece elevada, aunque ligeramente más regular. La altimetría marca aproximadamente un 8,7% en el km 6, 8,2% en el 7 y 7,8% en el 8.
    A estas alturas, la altitud comienza a convertirse en otro elemento importante. Ya estamos cerca de los 2.000 metros, y la combinación de desnivel acumulado, pendiente y aire cada vez más fino hace que la parte final resulte mucho más exigente que lo que podría sugerir la distancia restante.
    El kilómetro 9 mantiene todavía un exigente 8,4%, mientras el paisaje se abre progresivamente. Los claros del bosque permiten contemplar las montañas del Queyras y convierten esta parte de la subida en uno de los sectores más espectaculares del recorrido. El Sommet Bucher es reconocido precisamente por sus panorámicas sobre la comarca.
    En el kilómetro 10 aparece otro tramo próximo al 8-9%, antes de afrontar el último kilómetro. Ya no hay prácticamente ningún lugar donde esconderse: la ascensión se desarrolla en un ambiente plenamente alpino y el esfuerzo acumulado se hace notar.
    El último kilómetro es algo más llevadero, con aproximadamente un 6-7%, pero la llegada se produce por encima de los 2.200 metros. La pista ciclable finaliza en el aparcamiento. A unos 200 metros hay un perqueño refugio, el de la imagen inicial, que nos permite ver bonitas panorámicas del Queyras.
    Finalmente, alcanzamos el Sommet Bucher, a unos 2.254 metros, después de 11 kilómetros y 900 metros de ascensión. La recompensa no es únicamente haber superado una subida muy exigente: el lugar funciona como un auténtico balcón sobre el Queyras, con vistas hacia algunas de las grandes montañas y valles de la zona. 

    CIRQUE DE BLANQUE/ CHAPELLE DE CLAUSIS (por Molines-en-Queyras)

    El ascenso a la Chapelle de Clausis, en el circo de la Blanche, es una de esas subidas que cambian completamente de carácter a medida que se gana altura. Partiendo de Molines-en-Queyras, de donde también parte el coloso col Agnel (2.744 m), la ruta se interna progresivamente en la alta montaña del Queyras hasta alcanzar los alrededores de la capilla y el refugio, situados en torno a los 2.400 metros de altitud.
    La Chapelle de Clausis constituye además la puerta de entrada al espectacular cirque de la Blanche, uno de los grandes escenarios de alta montaña de Saint-Véran. La capilla se encuentra sobre una pequeña elevación dominando la entrada del circo y fue construida en 1846, siendo restaurada posteriormente. Más que un puerto de carretera convencional, Clausis debe entenderse como una ascensión de alta montaña que permite combinar ciclismo de carretera y gravel. La carretera de acceso deja paso a una pista sin asfaltar en el tramo superior, por lo que una bicicleta de gravel resulta mucho más apropiada para completar la ruta. La propia información turística del Queyras identifica diferentes accesos a la capilla y señala que la carretera de la mina es de tierra y que, durante el verano, se utiliza incluso un servicio de lanzadera.

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    El recorrido alcanza los 2.497 metros, con unos 765 metros de desnivel acumulado en 12 km, una pendiente media del 6,4% y rampas máximas del 12%. La particularidad fundamental es que la primera parte está asfaltada, mientras que el tramo final pasa a ser de pista, circunstancia que convierte esta ascensión en una propuesta especialmente interesante para una bicicleta gravel.



    📊Altimetría y características


  • Vertiente: desde Molines-en-Queyras.
  • Distancia analizada: 12 km.
  • Altitud inicial: 1.732 m.
  • Altitud máxima del recorrido: 2.497 m.
  • Desnivel positivo: 765 m.
  • Pendiente media: 6,4%.
  • Pendiente máxima: 12%.
  • Primer tramo asfaltado.
  • Paso posterior a pista de montaña.
  • Tramo final especialmente apropiado para bicicleta gravel.
  • Ascensión de alta montaña.
  • Objetivo: Chapelle de Clausis / Cirque de la Blanche.


  • La ascensión comienza en Molines-en-Queyras, dirección Saint-Véran, de donde también parte el coloso col Agnel (2.744 m) y una orientación hacia el sureste, ya a una altitud considerable, alrededor de los 1.730 metros. Por tanto, desde el primer momento estamos ante una subida de auténtica alta montaña, sin necesidad de esperar a los kilómetros finales para notar la altitud.
    Los primeros kilómetros, por la asfaltada D5, presentan una pendiente bastante uniforme. La altimetría muestra valores generalmente comprendidos entre el 5% y el 7%, suficientes para que la subida vaya ganando altura de manera constante sin necesidad de afrontar grandes rampas consecutivas.
    El perfil es especialmente agradecido para encontrar un ritmo regular. No hay grandes descensos que rompan la ascensión y el desnivel se acumula de manera progresiva, algo muy importante cuando se parte ya desde más de 1.700 metros.
    Alrededor de los primeros kilómetros aparecen los primeros sectores algo más exigentes, con porcentajes que se acercan al 8% al acercarnos a Saint-Véran. Son rampas que empiezan a marcar la diferencia, especialmente teniendo en cuenta la altitud y la longitud acumulada.
    La ruta se dirige hacia el fondo del valle de l'Aigue Blanche, siguiendo progresivamente el curso del valle. La vegetación todavía acompaña al ciclista durante buena parte de esta zona, aunque cada vez resulta más evidente el carácter alpino del entorno.
    Uno de los elementos más interesantes de esta ascensión es su progresiva transformación. La carretera permite inicialmente avanzar con relativa comodidad, pero la llegada a las cotas superiores modifica completamente la experiencia y convierte el recorrido en una verdadera ruta de montaña.
    La altimetría mantiene durante buena parte del recorrido porcentajes entre el 5% y el 8%. No se trata, por tanto, de una subida explosiva, sino de una ascensión de resistencia en la que el desnivel se va acumulando mientras la altitud aumenta de forma constante.
    Al superar los 2.000 metros, el paisaje comienza a abrirse. Los árboles van perdiendo protagonismo y aparecen progresivamente los grandes espacios pastorales de la alta montaña del Queyras. La sensación de aislamiento aumenta a medida que la carretera penetra en la cabecera del valle.
    El entorno de la antigua mina de cobre de Saint-Véran constituye otro de los puntos característicos del recorrido. La zona forma parte del itinerario tradicional hacia Clausis y permite entender la importancia histórica que tuvieron estas montañas más allá de su actual utilización turística y deportiva.
    En la parte superior comienza el cambio fundamental para el ciclista: el asfalto deja paso a una pista de montaña. Es aquí donde la elección de una bicicleta gravel adquiere todo su sentido, permitiendo continuar la ascensión sin abandonar el trazado ciclable.
    Este segundo sector debe afrontarse de manera diferente. La ausencia de asfalto obliga a prestar más atención a la trazada y al firme, mientras que las pendientes siguen siendo suficientes para exigir esfuerzo. La combinación de desnivel, altitud y terreno no asfaltado hace que el tramo final tenga una personalidad completamente distinta.
    La pista penetra ya en el espectacular cirque de la Blanche, un gran anfiteatro natural rodeado por cumbres de aspecto mucho más alpino. La Chapelle de Clausis aparece como un elemento perfectamente integrado en este paisaje abierto.
    La llegada a la capilla es uno de los momentos culminantes de la subida. Situada alrededor de los 2.400 metros, la pequeña construcción domina la entrada del circo y constituye un punto de referencia perfectamente visible dentro de este enorme espacio de praderas y montañas.
    Desde la Chapelle de Clausis, el paisaje se vuelve plenamente de alta montaña. El itinerario puede continuar hacia el Lac de la Blanche y su refugio, mientras que diferentes senderos permiten alcanzar lugares como el Col de Chamoussière, el Col de Saint-Véran o los Lacs Blanchet.
    La conclusión de la ascensión, alrededor de los 2.497 metros señalados en la altimetría aportada, representa por tanto mucho más que la coronación de un puerto. Es la entrada a uno de los grandes paisajes del Queyras: una subida larga, sostenida y progresiva que comienza como carretera de montaña y termina como aventura gravel en pleno circo de la Blanche.

    COL DU PARPAILLON (por La Condamine-Châtelard)

    El Col du Parpaillon es una de las ascensiones más singulares de los Alpes franceses y uno de los grandes santuarios del ciclismo de montaña sobre pistas sin asfaltar. Situado entre los valles del Ubaye y del Durance, su recorrido conduce hasta el célebre túnel del Parpaillon, excavado a más de 2.600 metros de altitud y convertido en el punto culminante de una antigua carretera militar construida entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. Lo que hace especial al paso no es únicamente su desnivel o la altitud, sino el cambio radical de carácter que experimenta la carretera. Los primeros kilómetros permiten avanzar sobre asfalto, mientras que la parte superior se convierte en una verdadera aventura de montaña sobre una pista de piedras, muy irregular y con numerosos tramos donde la bicicleta exige concentración constante. El propio organismo turístico regional señala que la parte alta presenta un firme especialmente rocoso y difícil de recorrer, recomendando una bicicleta de montaña para afrontarla.
    Es un puerto especialmente apreciado por el cicloturismo de aventura y por el gravel. La antigua carretera militar nunca llegó a asfaltarse en su totalidad, circunstancia que ha permitido conservar uno de los recorridos de alta montaña más espectaculares de los Alpes. La pista comunica históricamente el valle del Ubaye con el entorno de Crévoux y Embrun y forma parte de diferentes itinerarios de gravel de los Alpes franceses. El túnel constituye además uno de los grandes objetivos del recorrido. Tiene algo más de 500 metros de longitud y atraviesa la montaña a unos 2.640 metros, en un ambiente oscuro, húmedo y frío que contrasta enormemente con el paisaje abierto de la ascensión, aunque, desde 2024, está cerrado el túnel por desprendimientos.
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    La ascensión comienza en La Condamine-Châtelard, alrededor de los 1.285 metros de altitud. Desde el principio, la carretera apunta hacia las montañas del Parpaillon y presenta una pendiente suficiente para dejar claro que los casi 1.400 metros de desnivel que tenemos por delante van a exigir un esfuerzo considerable. La altimetría adjunta plantea la ascensión desde La Condamine-Châtelard, partiendo aproximadamente de los 1.285 metros y alcanzando los 2.637 metros, con unos 1.350 metros de desnivel acumulado en alrededor de 18 kilómetros.


    📊Altimetría y características


  • Vertiente: Sureste, desde La Condamine-Châtelard.
  • Longitud: aproximadamente 17,8 km.
  • Desnivel positivo: aproximadamente 1.350 m.
  • Altitud inicial: 1.285 m.
  • Altitud final: 2.637 m.
  • Pendiente media: alrededor del 7,8%.
  • Pendiente máxima: aproximadamente 10%.
  • Primeros kilómetros: carretera asfaltada.
  • Parte superior: pista de montaña sin asfaltar.
  • Firme de la pista: muy pedregoso e irregular.
  • Tramo final de auténtica alta montaña.
  • Túnel del Parpaillon: algo más de 500 m, actualmente cerrado.
  • Bicicleta recomendable: gravel robusta o MTB.
  • Tráfico: muy escaso en comparación con los grandes puertos asfaltados.
  • Fuente: cyclingcols

    Los primeros kilómetros, partiendo de La Condamine-Châtelard (D900-D19), discurren todavía por carretera asfaltada. Es la parte más convencional de la subida y permite concentrarse exclusivamente en el esfuerzo, antes de que el recorrido vaya adquiriendo progresivamente su carácter de alta montaña.
    Durante este sector inicial, una sucesión de kilómetros generalmente comprendidos entre el 7% y el 10%, con máximas entre el 10 y el 12%. No existen grandes descansos y la pendiente obliga a encontrar desde el principio un ritmo sostenible. Es un inicio exigente.
    El paso por La Condamine-Châtelard y posteriormente por el entorno de Sainte-Anne-la-Condamine permite atravesar los últimos espacios habitados antes de introducirnos definitivamente en la montaña. El paisaje comienza a ganar amplitud y la vegetación se hace progresivamente más escasa.
    La carretera mantiene una trazada bastante directa durante buena parte del ascenso, aunque las numerosas curvas permiten ir ganando altura sobre el valle. A nuestras espaldas queda progresivamente más abajo el territorio del Ubaye.
    Aproximadamente a los seis kilómetros aparece uno de los momentos fundamentales de la ascensión: el final del asfalto al llegar a la Chapelle de Sainte-Anne. En torno a los 1.860 metros comienza la pista que conduce hacia el túnel, por lo que el Parpaillon cambia completamente de naturaleza.
    A partir de este punto ya no basta con controlar el desarrollo y la pendiente. El estado del firme pasa a ser un factor decisivo, porque la pista presenta mucha piedra suelta, zonas rotas y una superficie muy irregular que obliga a escoger cuidadosamente la trazada.
    La presencia de tanta piedra hace que algunos sectores resulten bastante más lentos de lo que podría sugerir su porcentaje de inclinación. Una rampa del 7% sobre asfalto y otra de la misma pendiente sobre este tipo de pista son dos esfuerzos completamente diferentes.
    El ciclista debe prestar especial atención a las piedras de mayor tamaño y a las zonas donde la pista se encuentra más deteriorada. La parte superior es muy pedregosa y el estado del firme puede llegar a convertir la subida en una experiencia técnicamente exigente, especialmente con bicicleta de gravel, como fue nuestro caso.
    A aproximadamente 8 kilómetros para coronar, en una zona prácticamente llena, tenemos referencia visual de la cabaña de Grand Parpaillon, junto al puente por el cual tendremos que pasar para afrontar el duro sector final.
    Este tramo resulta especialmente espectacular. La pista serpentea por la montaña y permite observar cómo el recorrido que acabamos de realizar queda cada vez más abajo. Es una ruta particularmente inhóspita y salvaje.
    La pendiente es muy constante, con porcentajes estables sobre el 8-10% y una pista cada vez en peor estado. La altimetría no muestra grandes descansos en la parte alta, de manera que el cansancio acumulado sobre el terreno pedregoso se suma a una inclinación que sigue rondando habitualmente valores elevados.
    Conforme nos acercamos a la cima, la vegetación queda reducida a pequeños espacios de pastizal y la montaña adquiere un aspecto mucho más desnudo. La pista aparece encajada entre las laderas y las grandes paredes del macizo del Parpaillon.
    Los últimos kilómetros son, sin duda, los más exigentes desde el punto de vista físico y técnico, tanto por la constante pendiente, por el deterioro del recorrido y porque llegamos a ellos después de muchos kilómetros de esfuerzo y sobre un firme que obliga a mantener constantemente la atención.
    La aproximación al túnel es uno de los momentos más impresionantes de la subida. El camino parece dirigirse hacia un enorme anfiteatro de montaña con innumerables curvas de herradura que remontan la ladera de la montaña.
    El Túnel del Parpaillon, visible a pocos metros de coronar, de algo más de 500 metros, constituye el auténtico símbolo de esta ascensión. Su interior es oscuro, húmedo y puede presentar barro, agua e incluso hielo, por lo que llevar iluminación resulta imprescindible cuando las condiciones permiten atravesarlo.
    Alcanzar la entrada del túnel supone prácticamente coronar la carretera del Parpaillon. Aunque el collado geográfico se encuentra a mayor altitud, el túnel es el punto culminante del itinerario ciclable habitual, situado en torno a los 2.637-2.645 metros.
    El contraste entre el inicio asfaltado y esta llegada sobre una pista llena de piedras es precisamente uno de los grandes atractivos de la escalada. Se comienza como una ascensión alpina convencional y se termina afrontando una auténtica pista de alta montaña, donde la bicicleta y el terreno adquieren tanta importancia como la pendiente.
    La llegada al túnel recompensa un esfuerzo considerable: unos 1.350 metros de desnivel, casi 18 kilómetros de ascensión y una parte final donde la dificultad del firme multiplica la exigencia física. El Parpaillon no es simplemente un puerto de montaña, sino una experiencia ciclista diferente, marcada por el silencio, la altitud y una pista que conserva prácticamente intacto el carácter de la antigua carretera militar.
    Conviene tener presente que la situación actual del túnel y de la pista puede no coincidir con la de la salida realizada. En agosto de 2025, las fuentes de información de carreteras alpinas indicaban el acceso cerrado, mientras que la Route des Grandes Alpes advertía del cierre del túnel por desprendimientos y desaconsejaba determinadas alternativas por la cresta.

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