El puerto del Ragudo, conocido también como Rabudo en algunas referencias cicloturistas, es una ascensión larga y muy constante situada entre las provincias de Castellón y Teruel, en pleno corredor del Alto Palancia. La vertiente desde Viver representa el acceso más clásico al paso natural hacia la meseta interior, siguiendo en gran parte el antiguo trazado previo a la construcción de la autovía A-23.

Se trata de una subida ideal para cicloturismo de fondo: carretera amplia, tráfico muy reducido en gran parte del recorrido y una pendiente siempre estable que permite encontrar ritmo fácilmente. No es un puerto explosivo ni especialmente duro en cifras absolutas, pero sí una ascensión muy continua donde el desgaste aparece por acumulación. La construcción de la A-23 dejó la antigua carretera prácticamente relegada a vía secundaria. Esto convierte hoy la subida en un recorrido sorprendentemente tranquilo y agradable para la bicicleta, especialmente en su segunda mitad, donde apenas circulan vehículos. El entorno cambia progresivamente durante el ascenso. La salida desde Viver atraviesa una zona más abierta y humanizada, mientras que la parte alta entra poco a poco en un paisaje más montañoso y boscoso, con magníficas vistas sobre el valle del Palancia y las sierras cercanas. La regularidad es la gran característica de esta vertiente. La mayoría del puerto oscila entre el 3 % y el 5 %, con algunos kilómetros ligeramente más exigentes en la parte central. No existen rampas realmente duras, pero tampoco descansos prolongados, de modo que el desnivel termina acumulándose de manera constante hasta coronar.
📊Altimetría y características
Altitud: 998 m
Distancia: 12,45 km
Desnivel positivo: 518 m
Pendiente media: 4,16 %
Pendiente máxima: 9 %
Coeficiente APM: 73
Inicio: Viver (~480 m)
Vertiente: sur, desde Viver
Carretera inicial: N-234
Carretera final: antigua vía paralela a la A-23 / CV-2391
Estado del firme: bueno en general; más rugoso y antiguo tras abandonar la nacional.
Anchura: amplia durante casi toda la subida.
Tráfico: moderado al inicio, prácticamente inexistente en la segunda mitad.
Sombras: escasas en la parte baja; más frecuentes en los kilómetros finales.
Fuentes: algunas opciones en el recorrido, aunque no siempre garantizadas.
Paisaje: valle del Palancia, zonas agrícolas, pinares y ladera de montaña.
Tipo de puerto: largo y tendido.
Dificultad: moderada por continuidad y longitud.
La subida comienza en Viver, junto al valle del río Palancia, arrancando de manera bastante suave por la N-234. Los primeros kilómetros presentan largas rectas y pendientes muy regulares, normalmente entre el 3 % y el 5 %, ideales para encontrar un ritmo constante desde el inicio.
La carretera es ancha y cómoda, con buen firme y amplitud suficiente para circular con seguridad. Durante este primer sector todavía existe cierta presencia de tráfico, aunque sin llegar a resultar especialmente molesto.
Tras superar los accesos y desvíos cercanos a la A-23, la ascensión gana tranquilidad. El paisaje continúa siendo abierto, con campos de cultivo, pequeñas masías y vistas amplias sobre el valle.
El tramo comprendido entre los kilómetros 2 y 5 concentra algunos de los porcentajes más consistentes del puerto. Aquí aparecen rampas cercanas al 5-6 %, aunque siempre muy progresivas y sin brusquedad.
A medida que se gana altura, la carretera antigua va quedando prácticamente aislada del tráfico principal. La sensación de tranquilidad aumenta muchísimo y el puerto se vuelve especialmente agradable para el cicloturismo.
Alrededor del kilómetro 7 aparece uno de los sectores más exigentes, con pendientes que alcanzan aproximadamente el 6 %. Este tramo suele hacerse más largo psicológicamente debido a la exposición al viento y a la acumulación de kilómetros.
Después del cruce y del paso elevado cercano a la vía verde de Ojos Negros, la carretera entra en el sector más atractivo de toda la ascensión. El trazado se vuelve más sinuoso y aparecen las primeras zonas boscosas.
Los últimos cuatro kilómetros son los más bonitos visualmente. La carretera serpentea continuamente por la ladera de la montaña mientras atraviesa pinares y curvas enlazadas, ofreciendo magníficas panorámicas del valle recorrido.
Aunque las pendientes finales rara vez superan el 5 %, el cansancio acumulado hace que este sector se perciba bastante más exigente de lo que indican los números. La sensación es la de una subida muy larga y constante, donde el desgaste llega por insistencia más que por dureza puntual.
La cima aparece de manera progresiva, sin grandes cambios de pendiente ni rampas finales explosivas. El puerto concluye junto a la zona elevada del Ragudo, cerca del corredor natural que comunica el Alto Palancia con el interior turolense.